Mérida, Julio Miércoles 15, 2026, 10:18 am
Cuando alguien te invita: ir arriba, algo dentro de ti
sabe que, si subimos, allá agarramos brisita. Una de las anécdotas más
universal para quienes han disfrutado de vivir en espacios geográficos en los
que la nieve espesa allí arriba no está. Así esa brisita, es la representación
de un buen sobreentendido que involucra obviamente salir, pa’arriba – palante. Entre
todo, para nosotros los venezolanos la brisita es anhelada.
Venezuela se ha convertido en un foco de opinión,
atención y miradas, nos hemos convertido en una especie de señal de tránsito de
aviso y advertencia. Hoy en 2026 es un poco complejo responder al ¿cómo están? hay
un sobreentendido, y responder depende de la mirada del que te pregunta. Como
venezolanos con altísima carga emotiva, te enfrentas a dos situaciones
ineludibles, una rompes en llanto con un silencio profundo, agarrando con
fuerzas tus propias manos, o dos empiezas a hablar descontroladamente mirando
para todas partes.
En las dos situaciones, eres muestra de alta carga
emotiva y vulnerabilidad andante porque el ser racional aún no logra responder consistentemente
al ¿cómo están? ¿cómo están sus familias allá? algo aún importante es que
recientemente hemos pasado del ser extranjeros migrantes a ser amigos
residentes y luego a ser los ciudadanos nacionales, entonces, ya habíamos
comprendido que somos de allá, pero también somos del acá, aunque el premio
siempre era la playita.
Y se vino, nos movieron el piso y para nosotros venezolanos
internacionales comprendemos lo que significa que algo o alguien te mueva el
piso. Un sobreentendido en la jerga venezolana que es muestra de una expresión
cargada de emotividad, advertencia, descontrol, incertidumbre, desenfreno, subidas
y bajadas, comodín, atracción, nervios, y que en palabras universales significa
ambigüedad. Y es en esa última palabra, donde encontramos respuesta al por qué
no podemos responder acertada y consistentemente a las preguntas. Frente a la
ambigüedad de la pregunta, el llanto del venezolano refleja tristeza de corazón
y las palabras su necesidad directa de arrojar fuera de él, todo lo que muchos
creen son cuentos de la cripta.
Con palabras nos acercamos desde otra perspectiva, que educadamente
pueden anular o no las preguntas, pero también con palabras también podemos
anular o no a quienes aún siguen sin escuchar a su pueblo. La irresponsabilidad
de quienes administran el poder en la región en Venezuela acumula más de 27
años, y tal vez, las mejores palabras al escucharlos son, vayan a freír
espárragos. Los hechos los han desbordado y ustedes han respondido con irreversible
incapacidad que entorpece, fastidia, no comprende y no soluciona lo que pasa y
lo que verdaderamente están enfrentando los venezolanos luego de la tragedia
del terremoto.
En lo sutil y educado de sonreír, llegó el momento de que
se vayan a freír espárragos y tequeños. Por favor, retírense. Algo que bien ha
quedado al descubierto es que los mecanismos mínimos de reacción no existen, y
fueron ellos los ciudadanos quienes rescataron unidos al dolor de sus pérdidas.
Y aparece la pregunta ¿Qué nos queda?, revisar y rescatar los mecanismos de
veeduría –control social, para retomar el orden y reconfigurar las realidades o
condiciones iniciales de donde ahora se parte. Siempre hay oportunidades,
porque caballo viejo no puede perder la flor que le dan, ya saben abogados y
magistrados el sobreentendido los guiña a ustedes, llego su momento.
@zerpasad