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Por Sadcidi Zerpa de Hurtado

Los sobreentendidos por Sadcidi Zerpa de Hurtado



Los sobreentendidos por Sadcidi Zerpa de Hurtado

Cuando alguien te invita: ir arriba, algo dentro de ti sabe que, si subimos, allá agarramos brisita. Una de las anécdotas más universal para quienes han disfrutado de vivir en espacios geográficos en los que la nieve espesa allí arriba no está. Así esa brisita, es la representación de un buen sobreentendido que involucra obviamente salir, pa’arriba – palante. Entre todo, para nosotros los venezolanos la brisita es anhelada.

Venezuela se ha convertido en un foco de opinión, atención y miradas, nos hemos convertido en una especie de señal de tránsito de aviso y advertencia. Hoy en 2026 es un poco complejo responder al ¿cómo están? hay un sobreentendido, y responder depende de la mirada del que te pregunta. Como venezolanos con altísima carga emotiva, te enfrentas a dos situaciones ineludibles, una rompes en llanto con un silencio profundo, agarrando con fuerzas tus propias manos, o dos empiezas a hablar descontroladamente mirando para todas partes.

En las dos situaciones, eres muestra de alta carga emotiva y vulnerabilidad andante porque el ser racional aún no logra responder consistentemente al ¿cómo están? ¿cómo están sus familias allá? algo aún importante es que recientemente hemos pasado del ser extranjeros migrantes a ser amigos residentes y luego a ser los ciudadanos nacionales, entonces, ya habíamos comprendido que somos de allá, pero también somos del acá, aunque el premio siempre era la playita.

Y se vino, nos movieron el piso y para nosotros venezolanos internacionales comprendemos lo que significa que algo o alguien te mueva el piso. Un sobreentendido en la jerga venezolana que es muestra de una expresión cargada de emotividad, advertencia, descontrol, incertidumbre, desenfreno, subidas y bajadas, comodín, atracción, nervios, y que en palabras universales significa ambigüedad. Y es en esa última palabra, donde encontramos respuesta al por qué no podemos responder acertada y consistentemente a las preguntas. Frente a la ambigüedad de la pregunta, el llanto del venezolano refleja tristeza de corazón y las palabras su necesidad directa de arrojar fuera de él, todo lo que muchos creen son cuentos de la cripta.

Con palabras nos acercamos desde otra perspectiva, que educadamente pueden anular o no las preguntas, pero también con palabras también podemos anular o no a quienes aún siguen sin escuchar a su pueblo. La irresponsabilidad de quienes administran el poder en la región en Venezuela acumula más de 27 años, y tal vez, las mejores palabras al escucharlos son, vayan a freír espárragos. Los hechos los han desbordado y ustedes han respondido con irreversible incapacidad que entorpece, fastidia, no comprende y no soluciona lo que pasa y lo que verdaderamente están enfrentando los venezolanos luego de la tragedia del terremoto.

En lo sutil y educado de sonreír, llegó el momento de que se vayan a freír espárragos y tequeños. Por favor, retírense. Algo que bien ha quedado al descubierto es que los mecanismos mínimos de reacción no existen, y fueron ellos los ciudadanos quienes rescataron unidos al dolor de sus pérdidas. Y aparece la pregunta ¿Qué nos queda?, revisar y rescatar los mecanismos de veeduría –control social, para retomar el orden y reconfigurar las realidades o condiciones iniciales de donde ahora se parte. Siempre hay oportunidades, porque caballo viejo no puede perder la flor que le dan, ya saben abogados y magistrados el sobreentendido los guiña a ustedes, llego su momento.   

@zerpasad