Mérida, Julio Jueves 16, 2026, 12:48 pm

Inicio

Opinión



Diario Frontera, Frontera Digital,  Opinión, ,Por  Orlando Oberto Urbina,Carlos Jiménez, el vidente de las artes escénicas por Orlando Oberto Urbina
Por Orlando Oberto Urbina

Crónicas memorables

Carlos Jiménez, el vidente de las artes escénicas por Orlando Oberto Urbina



Crónicas memorables

Carlos Jiménez, el vidente de las artes escénicas por Orlando Oberto Urbina

bajarigua@gmail.com

adicorazul@gmail.com

 

A Rómulo Rivas, Freddy Torres, Pedro Maldonado (Comediantes de Mérida),

y a la memoria de Carlos Danez.

 

El teatro venezolano vivió un antes y un después a partir del grupo Rajatabla, que se fundó en 1971, y se atrevió a darle a las artes escénicas un rasgo de vanguardia que desafiara al público mismo, y lo integrara a las distintas escenas de cada obra, hasta poner al espectador a reflexionar en cada acto.

Ese teatro le cambió la cara al país. Pero eso no fue posible sin el gran aporte de ese director, actor y maestro de las artes escénicas, el argentino venezolano Carlos Jiménez. Semejante transformación vino también de la mano de otra figura del acontecer cultural nacional: María Teresa Castillo, quien presidia el Ateneo de Caracas, y sí sabía de lo importante que es mantener vivo el quehacer de nuestra identidad cultural venezolana, le abrió las puertas del ateneo y le brindó el apoyo incondicional para dar el empuje al nacimiento al grupo Rajatabla. Esta agrupación llegó a ser la embajadora cultural de Venezuela.

Jiménez, con una imaginación libertaria, logró la belleza de lo cotidiano en cada obra que se proponía montar. El espectador va a tener en cada obra narrada una elocuencia mágica para poner contexto y personajes emblemáticos de la novela venezolana en las tablas del teatro venezolano: “Fiebre” (1974), “Casas Muertas” (1987), “Oficina Número Uno” (1992), lo que después llamaría la “trilogía de la venezolanidad” a partir de las obras de Miguel Otero Silva. Además, consiguió llevar al teatro obras de José Antonio Rial, entre ellas “La Muerte de García Lorca” (1979), “Bolivar” (1982), y “Cipango” (1989), lo que denominó la “trilogía sobre la soledad del hombre ante el poder”. Después, continuó con sus éxitos en el teatro venezolano con “Señor presidente” (1977), basado en la novela homónima de Miguel Ángel Asturias; “El Candidato” (1978), y “El Héroe Nacional” (1980), que formaban parte de la “trilogía sobre el poder”. Todas esas obras fueron de éxito nacional e internacional.

Estábamos frente a un maestro. Carlos Jiménez entregó su vida al teatro e hizo que el grupo Rajatabla, no sólo fuera un grupo de teatro, sino que representara la ruptura de todos los esquemas y estéticas de las artes escénicas. lo cual sentenciaba, en palabras de Jiménez en una entrevista, que “lo mágico y lo fantástico en el teatro destruyen lo cotidiano, para que el hombre entienda el sentido universal de su presencia en este mundo”. Un tanto, quizás, a la manera de Bertolt Brecht, quien concebía al teatro como un arma política para mejorar a los hombres.

También la pasión por el teatro, esa transformación, viene a ser un rompimiento de todos esos paradigmas del teatro clásico; ese concepto elitesco y antidemocrático que en ocasiones encapsula para ciertos sectores la idea de las bellas artes. Carlos Jiménez le da otra lectura. Para ilustrar el poder emancipador del teatro venezolano, me voy a referir a esa nueva etapa del teatro experimental, estético, social y político que tuvieron como protagonistas a José Ignacio Cabrujas, Carlos Miranda, Román Chalbaud, Nicolás Curiel, Armando Gota, Enrique Porte, Antonio Constante, Levy Rossell, Ugo Olive, Álvaro de Rosson, Dámaso Ogaz, Alberto Sánchez, Eduardo Gil, César Rengifo, Leonardo Azparren, Isaac Chocròn y Rodolfo Santana, entre otros. Ese teatro venezolano sin apoyo gubernamental, y con el ocasional respaldo privado en el intento de darle institucionalidad al teatro en Venezuela. Desde la Universidad Central de Venezuela (UCV), se dieron esos primeros pasos.

Carlos Jiménez y Rajatabla van a darle el justo valor al teatro, algo diferente a la actuación. Esa expresión artística se traslada al hecho cotidiano, normal, familiar y que va ser imprescindible para la sociedad venezolana, lo que va a representar la belleza, el arte y la locura para que sean rubros de primera necesidad. Una manera de generar poesía en el escenario, donde el público no sea solamente espectador, sino que sea parte de la obra, lo que cual viene a darle un sentido critico al tiempo y espacio, que no sea un paisaje estático y aburrido, llevando a sus actores a una atmosfera efervescente y multitudinaria que el publico sienta lo insólito de su obra.

El impacto constituyó un espectáculo, y un fenómeno social y cultural. Los jóvenes fueron atraídos por aquella magnifica obra “La Orgía” que montó en 1970, y que fue interpretada por las autoridades de aquel entonces de vulgar y pornográfica, porque según su criterio rebasó los límites de presencia escénica.

Después vinieron éxitos tras éxitos con la puesta en escena de aquella obra “Tu país está feliz” en 1971 y que tuvo tan rotundo éxito que duró tres años en cartelera. Luego se estrenó “La muerte de García Lorca” como tributo al gran poeta español en 1979, donde deja ver que la perversión del poder es esa sombra determinante de la tragedia de la sociedad.

 “Señor Presidente”, una de las obras de mayor renombre, contó con gran éxito dentro y fuera del país, y fue aclamada por su manera de retratar el “Poder Político”. Fue como un himno al teatro aquella presentación de “Bolivar” en el Teresa Carreño con más de trecientas personas actuando entre músicos y actores en 1982, y luego “La Celestina” en 1987, sin desperdicio alguno. Todo esto fue resultado de una gran entrega a la dramaturgia en Venezuela. Jiménez parecía el vidente de teatro porque se adelantaba a los hechos que iban a ocurrir en el país y en el mundo.

En sus distintas versiones teatrales hacía duras criticas a los problemas políticos, económicos y morales que desgarraban a los sectores más vulnerables de la sociedad venezolana. Se atrevía a decir:” Si alguna misión tiene el arte y el artista es estar con la derrota y con el vencido, porque el vencido nunca escoge su derrota”. Hace 33 años de su fallecimiento en Caracas a la edad de 47 años, el 28 de mayo de 1993. Había nacido en Rosario Argentina el 13 de abril de 1946, y nos dejó este legado tan vivencial y a la vez tan sincero.

“Por eso nos afectan tanto los recuerdos, las fechas, los días de cumpleaños, los nacimientos y las despedidas. Algo de nosotros se queda en los calendarios sin uso. Para combatir esta nostalgia lucharemos contra el tiempo, con la alegría de saber que tuvimos el coraje de elegir, y que en ello quedó el constante desafío de estar en deuda con nosotros mismos”. Carlos Jiménez.