Mérida, Agosto Sábado 15, 2026, 06:11 pm
Desde tiempos inmemoriales, la mujer, al contraer
matrimonio, perdía su apellido y asumía como propio el del esposo precedido por
la preposición "de". Es decir, el apellido original desaparecía y se
iniciaba la formación de una nueva familia. Pero la historia que hoy les
entrego es sorprendente, porque no solo se trata de una dama que perdió su
apellido, sino que, para colmo de males, también sus dos nombres.
Sencillamente quiero resaltar la trayectoria, el historial y
la vida de una gran mujer que le ha prestado grandes servicios a toda la
comunidad de Ejido, capital del municipio Campo Elías del estado Mérida. Tengo
que referirme a alguien que legalmente no existe, pero a quien todos conocemos,
apreciamos y agradecemos su entrega por este pueblo, por su familia y por sus
amistades.
Esta dama, merecedora de que se escriba una novela o tal vez
un cortometraje, porque su historia no es para menos, nació en Ejido el 2 de
enero de 1934; es decir, que está próxima a cumplir 90 años. Estudió primero,
segundo y tercer grado en la Escuela Federal Mixta 1227, de 1941 a 1943. Cursó
cuarto, quinto y sexto grado en el Grupo Escolar Campo Elías (solo hembras) de
1944 a 1946. En el año escolar 1949-1950 aprobó el primer año de educación
normal en el Colegio Inmaculada Concepción. No continuó sus estudios y contrajo
nupcias con Luis Altuve, un excelente carnicero y comerciante, con quien
procreó 13 hijos: Soraida Virginia, Ana Victoria, Cruz Marina, Noemí Margarita,
José Luis, Severo de Jesús, Aníbal, William, Edecio, Neptalí, Ramón, Henry
Orlando, Nelson Moisés y Winston Tomás; todos Altuve Manrique.
En 1949 se desempeñó como escribiente del Concejo Municipal
del Distrito Campo Elías por el lapso de año y medio. Desde 1951 hasta 1953
ejerció el cargo de secretaria de la prefectura del municipio Montalbán (hoy
parroquia Montalbán). Asumió la secretaría del Concejo Municipal del Distrito
Campo Elías desde 1959 hasta 1974. En 1961 fue encargada de la administración
del mismo concejo por un breve lapso y, desde 1979 hasta 1984, ocupó el cargo
de prefecta del Distrito Campo Elías. Ha recibido diversas condecoraciones y
distinciones.
Desde muy joven, Margarita ha sido gran devota de la Virgen
del Carmen y de San Buenaventura, los patronos del pueblo. Siente gran placer
asistiendo a los oficios religiosos; pero uno de sus rasgos más relevantes es
su presencia en los velorios. Si en Ejido había un velorio, usted podía
apostar, y seguro acertaba, que allí estaba o había estado Margarita Altuve, no
solo porque le encanta contar chistes, de lo cual disfruta al máximo, sino
porque es una rezandera como no hay otra, por su dicción, su entonación, su
libreto, sus ocurrencias y por el entusiasmo que contagia para que le acompañen
en el rezo.
Por cierto, encontrándose en San Cristóbal, hubo de asistir
al velorio de don Ramón Rosales, oriundo de Bailadores. La sala velatoria tenía
contratado a un señor que rezaba el rosario, pero lo que provocaba eran
bostezos. Cuando el contratado fue a descansar, Margarita comenzó a rezar y de
inmediato todos los presentes se unieron a la ceremonia, incluido quien se
había parado a descansar, que quedó sorprendido de la forma magistral como
Margarita rezaba; a tal punto que le preguntó cuánto cobraba ella por rezo,
respondiéndole que nada. Entonces, él le preguntó: "¿Y de dónde es
usted?". "De Mérida", respondió Margarita. El personaje le
informó que en el Táchira la funeraria le pagaba a quienes rezaban y le propuso
que, por favor, le escribiera una especie de manual con todo lo que ella
desarrollaba en el rosario, principalmente las letanías, que eran
impresionantes, y que él le pagaría. Al día siguiente asistieron al sepelio y,
al salir de la Basílica de la Consolación en vía al cementerio de Táriba, el
sacerdote era quien rezaba y Margarita le respondía; como a la segunda cuadra,
el padre le solicitó que siguiera rezando ella y así lo hizo hasta llegar al
camposanto. A su regreso a Ejido, Margarita puso a Aníbal a escribir el manual
y, una vez terminado, lo enviaron a San Cristóbal y el paisano hizo el pago
convenido. Así nació el "Manual del rezandero de Margarita Altuve".
Cuando Margarita fue designada prefecta, un amigo acudió con
su esposa a felicitarla y expresarle sus mejores deseos en el desempeño del
cargo, y le preguntó que si no le habían asignado un revólver .38. Margarita le
dijo que sí, y el curioso e impertinente amigo repreguntó: "¿Y le cabe en
la cartera?". La prefecta le dijo que sí. De nuevo la curiosidad: "¿Y
por qué no lo carga?". Dijo Margarita: "Porque no sé tirar". A
lo que la esposa del tipo, que también era intrépida, comentó jocosamente:
"¡Y eso que tiene 13 hijos!".
Al poco tiempo de asumir la prefectura, Margarita produjo un
decreto que perseguía mantener el orden en el pueblo y ayudar a los más pobres.
Se hizo conocer a toda la ciudadanía que aquellos animales realengos que fueran
encontrados en la vía pública serían detenidos y sus dueños deberían pagar una
multa antes de tres días; transcurrido ese término, los animales serían
beneficiados y distribuidos en los sectores más populares. A los dos días de
haber entrado en vigencia la medida, a su esposo Luis Altuve, que tenía unos
animales en un terreno alquilado en uno de los potreros de lo que hoy es la
urbanización Don Luis, se le salieron los animales del terreno y la policía los
detuvo. Luis Altuve quiso "chapear" diciéndole a los oficiales que él
era el esposo de la prefecta. Cuando el comandante de la policía le dio la
novedad a Margarita, esta le dijo: "Infórmele al dueño de las reses que
mañana vence el plazo para que cancele la multa; de lo contrario, los vamos a
sacrificar". De esa manera, la prefecta dio el ejemplo y aprovechó de
vengarse de "su costilla", pues ya las cosas no estaban muy bien.
Hace varios años, Margarita tenía uno de sus hijos que tenía
19 años, no quería estudiar y parrandeaba todos los días. Cuando llegó la época
de la recluta, le ordenó al comandante de la policía que reclutaran al chamo;
así lo hicieron y lo seleccionaron para servir en la Guardia de Honor siendo
presidente Luis Herrera Campins. El día que lo juramentaron, Margarita fue al
Palacio Blanco y se tomó una foto con el hijo uniformado. Cuando llegaba la
época de la recluta, colocaba esa foto en el escritorio. Se presentó una señora
llorando para que le entregaran a su hijo y no lo reclutaran; Margarita le
mostró la foto y le dijo: "Yo soy la primera autoridad del distrito y mi
hijo está pagando el servicio militar". La señora le ripostó: "Pero
Margarita, ¡uno menos en su manada! Usted no se da cuenta, pero yo tengo un
solo hijo". Se salvó el chamo.
Hace varios años, Margarita viajó a Canadá a visitar a su
hijo José Luis, sufrió una caída y se fracturó un brazo. Aprovecharon Carlos
Páez y Ramón Díaz Suárez, periodistas de frontera, para publicar en la sección
"Chimó con sal" que Margarita Altuve no se había caído en ningún
hueco de los tantos que había en Ejido, pero viajó a Canadá, donde no hay
huecos, y se fracturó un brazo. En Ejido, desde hace bastante tiempo se dice
que el velorio de Margarita Altuve será el más concurrido, porque ha cumplido
con todas las familias y efectivamente, salvo que esté muy enferma, se hace
presente en el velorio, en el sepelio o en la visita al enfermo de turno.
Ahora tengo que decirles que Margarita Altuve legalmente no
existe; solo existe en el imaginario de cada uno de nosotros. Legalmente, quien
existe es Elva Marina Manrique. De tal manera que no sé si Luis Altuve se casó
con Margarita Manrique o con Elva Marina Manrique, pero por otra parte
Margarita Altuve no tiene ningún hijo, pues quien los parió fue Elva Marina
Manrique. ¿Y qué causó todo este enredo?
La abuela de Margarita se llamaba Margarita y quería que así
se llamara su nieta; pero el papá de Margarita, que era Luis Calderón (conocido
como Luis Pajarito), estaba casado con una tía de mi mamá de nombre Emérita, de
cuya unión nacieron Luis Arturo, Alí, Margot y Marcolina Calderón Pino. Luis
Pajarito nunca llamó a su hija Margot, sino Margarita, y como se le parecía
tanto a su otra hija, la comenzó a llamar Margarita; pero, cuando Domingo
Calderón asentó en la prefectura a la niña, lo hizo con el nombre de Elva
Marina Manrique. Sin embargo, ya todo el mundo la llamaba Margarita y su
apellido era Manrique. Luego de su matrimonio con Luis, desaparece el Manrique
y se convierte, desde ese momento, en Margarita Altuve, hasta el sol de hoy.
Y el colofón de esta semblanza es que quien le entrega la
prefectura del Distrito Campo Elías fue otra gran mujer que tampoco existía
legalmente, porque todo el mundo la conocía como Nelly de Sulbarán y su nombre
era Juana de Sulbarán. Margarita o Elva Marina, no importa el nombre; pero yo,
que desde muchacho conozco tu recto proceder como mujer, esposa, ciudadana
intachable y servidora pública con una honestidad reluciente, sobre todo siendo
una luchadora incansable para que tus 13 hijos... como dijiste alguna vez
cuando te preguntaron: "¿Todos vivos?" y respondiste: "Unos
vivos y otros pendejos, pero todos comen". Ciertamente, fuiste una
guerrera para que salieran adelante casi siempre tú sola. Me complace mucho
contarme entre sus amigos.
Tal como lo reseñé antes, el velorio de Margarita fue a casa
llena, pues la semana pasada falleció a los 92 años, desapareciendo uno de los
personajes estelares del Ejido contemporáneo e ícono de la ejideñidad. A toda
su numerosa familia, mi abrazo solidario.