Mérida, Noviembre Domingo 01, 2026, 01:30 pm

Inicio

Opinión



Diario Frontera, Frontera Digital,  Opinión, ,Por Pbro. Edduar Molina,“Los retiros del clero” por Pbro. Edduar Molina
Por Pbro. Edduar Molina

Memoria en custodia

“Los retiros del clero” por Pbro. Edduar Molina



Memoria en custodia

“Los retiros del clero” por Pbro. Edduar Molina

La antigua hacienda ahora posada san José, ubicada en El Arenal de la cuenca del Chama, sirvió de casa de retiro para acoger al clero merideño en sus ejercicios espirituales anuales. Días de verdadera escucha del Espíritu, comunión fraterna, formación y silencio orante, que nos ayudó como dice el Evangelio de Juan, “de su plenitud hemos recibido “gracia sobre gracia” (Jn 1,16).

El predicador de estos días ha sido el querido Obispo de Carora, Monseñor Carlos Curiel, con su palabra y testimonio de sencillez, cercanía y amor por los sacerdotes, nos ayudó a vivir a plenitud estos días de gracia del Señor sobre nuestro ministerio sacerdotal.

En sus reflexiones pudimos ahondado sobre nuestro servicio a una Iglesia en salida, misionera, samaritana, presente en las periferias de la existencia humana. Desde las diversas situaciones que hoy nos tocan vivir como “dispensadores de sus divinos misterios” (1Cor 4,1).

La primera invitación que se nos hizo fue la de abrirnos al don de Dios, para descubrir la “sorpresa de Dios” en nuestro ministerio que nos sorprende con su acción misericordiosa. Cristo se nos hace realidad concreta por medio de nuestra disponibilidad y apertura a ese Otro que nos trasciende, a ese hermano que se hace rostro cercano.

Esto exige de nosotros vigilancia.  Dios nos visita de modo imprevisto y nos escucha con el corazón, nos ama y nos llama a un encuentro permanente de amistad con Él.  También nos invita a la escucha orante de la Palabra, para poder caminar bajo la inspiración y el impulso de su Espíritu. Todo esto con una actitud humilde y sencilla que nos ayuda a tomar conciencia de la elección que hemos hecho en nuestras vidas, a ejemplo de la hermana de Lázaro, María, que escogió la mejor parte. (Lc 10,38-42).

A todos nos puede servir estas tres recomendaciones que nos dio el predicador, primero, que podamos liberarnos de nuestras autosuficiencias, creernos el centro o los que todo lo podemos. En segundo lugar, dejarnos lavar los pies, al estilo de los apóstoles en la cena, esto es actitud humilde para el servicio, aceptación al plan de Dios y no solo a mis planes. Y, por último, dejarnos guiar por el Espíritu, para hacer presente su Reino de amor y justicia en el mundo.

También fue interesante revisar nuestras motivaciones más profundas que nos mueven al actuar diario, una primera motivación pudiera ser solo desde la responsabilidad de solo cumpli-miento del deber, una segunda, desde el satisfacer a los demás, hacerlo todo por “quedar bien”. Y, por último, desde nuestra propia vocación de servir sin esperar nada a cambio, conscientes que hay más alegría en dar que en recibir (Hech 20,35).

Todo esto exige de cada uno, destronar los ídolos que no nos impiden avanzar en el camino de la fe, como la auto-referencialidad que nos coloca en el centro y no nos deja ver alrededor la realidad de cada hermano.

El retiro también nos ayudó a revalorizar nuestra alegría y disposición a servir en un proyecto que va más allá de nuestros planes, compartir la vida y la felicidad en Cristo y su Reino, descubrir su alegría desbordante, el sentirnos que “somos parte de Él”, es la verdadera pastoral, dar concreción a su Reino en nuestras realidades y ambientes particulares. Pastorear es ser siempre presencia viva. Exige de nosotros, un verdadero “éxodo”, caminar hacia fuera, abrir horizontes, saber discernir, mirar desde la cruz, descubrir los signos de un Dios-con-nosotros.

Otra de las facetas importantes de nuestra reflexión, es la necesidad de poder hoy descubrir ese rostro humano de Dios en la realidad que nos toca asumir como pastores de un pueblo que camina en esperanza. Esto nos mueve a tomar iniciativas creativas y audaces que edifiquen una Iglesia más humana, que sepa acompañar y atraer a los alejados, una Iglesia que se olvida de sus intereses personales y se acerca a los de la gente sencilla.  Vivimos un tiempo de renovación que nos llama a permanecer abiertos, para vivir un proceso relacional y dialogal, como don precioso que nos da la plena alegría de ejercitar ese don recibido sin mérito propio, por pura gracia e iniciativa de Dios. (1Cor 15,10).

Por último, compartimos juntos el sueño del clero que queremos todos, atentos a la voz de Dios, bajo una espiritualidad de la escucha, de poder caminar juntos en una Iglesia sinodal. Un clero que encarna el amor de Dios en tarea evangelizadora. Sacerdotes capaces de reconocer la necesidad de permanente conversión y renovación. Un clero místico, toma conciencia de la presencia de Dios en nuestras vidas y nos hace signo profético, que escucha con el corazón para anunciar una nueva vida, un sacerdocio que se hace compasión, con entrañas de misericordia, que muestra el rostro materno de Dios.

Un clero apasionado por Cristo y por su Iglesia, que construye relaciones humanizadoras, respetuosas y fraternas, que se hace tan humano y cercano que cuida con diligencia a su pueblo y el pueblo cuida de su pastor.

Que el Buen Pastor bendiga los propósitos de este fecundo retiro y nos ayude a escuchar la recomendación del Papa León a los sacerdotes en la misa de Corpus Christi, de este año en Madrid, “El Señor pide a los pastores santidad, es un abandono confiado: dejarnos transformar por su Santo Espíritu, y eso a pesar de que somos limitados e imperfectos, y a menudo estamos marcados por debilidades y cansancios, a veces por heridas...Cuiden la fraternidad sacerdotal: búsquense, escúchense, sosténganse. El sacerdote que se aísla, lentamente se apaga; el sacerdote que camina con los hermanos crece”.

 

Mérida, 1 de noviembre de 2026