Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 10:52 pm
El desarrollo de los acontecimientos delinea
perfectamente que la ecuación matemática, política social y económica que ha
desarrollado el sector oficialista, bajo la tutela de sus asesores cubanos y de
otras nacionalidades no ha tenido un resultado favorable para pensar o soñar
lograr sostenerse en el poder.
Un modelo propuesto y aceptado por los venezolanos en su
momento por una acción que prometió reivindicar a los desposeídos llamada
revolución, que muto en el tiempo al famoso modelo socialista del siglo XXI que
a la vista y sentir de todos los venezolanos y el mundo, fracaso. La caída
paulatina sostenida del capital político que ostentaban en el pasado es hoy en
día una minoría que con mucho poder mediático buscan desesperadamente tapar la
realidad.
Cada uno de los venezolanos conoce perfectamente la
situación. La cotidianidad es sinónimo de rebusque o el emprendimiento
promovido y sugerido por estado, pero perseguido por sus instituciones. El
valiente y necesitado emprendedor sirve de instrumento para alimentar la
voracidad fiscal y depravación de uniformados que como todo ciudadano debe
rebuscarse.
El colapso absoluto de la economía doméstica, la inmoralidad de las principales figuras que
mal gobiernan el país en los diferentes niveles de poder y la desasistencia del
estado a toda población llevaron a la ruina política al PSUV y sus aliados de
siempre, quienes a pesar de esta realidad a través de sus desmoralizadas y
enclenques estructuras continúan presionando con mayor control y ensañamiento
a sus pocos seguidores y a los empleados públicos que son movilizados y
marcados como el ganado para obligarlos asistir a cada evento que busca mostrar
un respaldo que no tienen y perdieron hace tiempo ya.
Un modelo en las condiciones políticas que se encuentra,
con los resultados desastrosos, cuestionables y nocivos para la república, si
sus lideres aferrados al poder tuvieran un pensamiento humanista, como dicen
tenerlo y un amor por el pueblo como dicen sentirlo, deberían reconocer el mal
que han generado, la pobreza que han sembrado y la caducidad y prescripción de
todas sus propuestas y promesas no complidas, todo esto ejecutado
premeditadamente bajo un ambiente de corrupción abismal e incuantificable, desarrollado en cada una de
las etapas, sin excepción, de la era revolucionaria, catalogada como el fraude
más grande, obsceno e impune, de toda la historia del país, del continente y
otros expertos aseguran que del mundo.
Venezuela declarada en emergencia humanitaria pero
también política ha dado los primeros pasos para generar la transición para un
cambio de modelo, bajo un nuevo liderazgo que tiene el compromiso de
interpretar el pensamiento de la gente en todos los rincones del país y
determinar y atacar los enemigos a vencer que ya no son un Nicolas Maduro acorralado con un 7% de respaldo y su partido PSUV con
un 12% de aceptación, con ambas cifras porcentuales que continúan decreciendo y
que muestran claramente que no todos los psuvistas respaldan a Maduro, marcando
una desaprobación dentro de sus filas del hasta ahora candidato oficialista. El
candidato no cuenta ni con la totalidad de lo que queda del PSUV.
El desmantelado polo patriótico compuesta por una decena
de partidos unos judicializados otros
secuestrados y subordinados no son ninguna fortaleza como aliados del PSUV, No
son medidos en las encuestas por la insignificancia numérica por lo que tampoco
representan un problema para la unidad nacional.
La fuerza armada bastión de la revolución bolivariana está
determinado y es público y notorio que los altos mandos, mantienen una lealtad
al régimen. Todos comparten el poder y coparon la burocrática e ineficiente administración
pública además gozan de verdaderos privilegios que con detenimiento observan
los cuadros medios que les toca escoger entre la institucionalidad o la lealtad
revolucionaria, realidad donde finalmente son muy pocos los escogidos, pero el resto son
ciudadanos también ejerciendo el rebusque y el emprendimiento y la gran mayoría
pese algunos beneficios de los que gozan, no muy representativos tampoco,
igualmente esperan un cambio para obtener mejores condiciones de vida y a
futuro garantizarse un retiro jubilación digna
y apuestan a la reinstitucionalización del país.
En estos tiempos de mengua son más las debilidades del
régimen que las fortalezas. A mi criterio los enemigos a venceré son; la
desconfianza, la desesperanza, la manipulación, el sectarismo y el perverso
dominio partidista representado en la cogollocracia, el centralismo y el
caudillismo.
La desconfianza sembrada por los medios y de redes
sociales en poder o control del régimen vendiendo permanentemente que son
inderrotables debe tener una política informativa permanente con elementos
fehacientes y convincentes, en voz de hombres y mujeres calificados y
moralmente reconocidos, de que es todo lo contrario, que están derrotados y
desde hace tiempo. Un empleado público, un jubilado, pensionado o dependiente
de las dadivas del estado no puede ni debe ser chantajeable, cuando estamos a
menos de un año de una elección presidencial que el oficialismo tiene perdida y
no tiene posibilidad alguna de recuperarse numéricamente para enfrentar con éxito
este proceso electoral del 2024.
La esperanza comienza a nacer en los venezolanos, pero
hay que abonarla con elementos y ofertas futuras con mucha responsabilidad y
optimismo. En el tendiendo que quienes hoy ejercen el poder han hecho todo lo
contrario, han sembrado el pesimismo bajo sus políticas de control social y
manipulación de la verdad. El sentir del pueblo secuestrado y humillado espera
palabras de aliento y acciones de inclusión para empoderarse como actores del
cambio. No solo los políticos pueden hablar de cobrar un triunfo el pueblo también
espera lo mismo, espera a corto y mediano plazo ser sinceramente reivindicado
ante tanto daño vejaciones y secuestro absoluto de sus derechos
constitucionales y ante la oferta engañosa calificada por muchos como estafa
sin precedentes que significa el socialismo del siglo XXI para Venezuela y el
mundo.
Los partidos políticos oficialistas y de las oposiciones
en Venezuela en su mayoría perdieron credibilidad, se encuentran en grandes
dificultades. No se puede fundamentar la
unidad nacional en estructuras viciadas que operan como entes de control social
que coartan el libre desempeño del ciudadano, que acorralan a la sociedad obligándolos
a acatar lineamientos retrógrados e inconvenientes para el interés nacional,
que manipulan a conveniencia de grupúsculos que atienden a intereses mezquinos
y particulares. La revolución planteo el partido y el pensamiento único y no
pudo imponerlo ni en sus mejores momentos, nadie puede tratar de repetir esa
historia la pluralidad está sembrada en los movimientos, fundaciones,
asociaciones civiles, ong, gremios e individualidades, exparsidos por todo el
territorio nacional, que desean ser parte de la liberación del país de las
garras lacerantes del régimen, pero también de la partidocracia centralista
ineficaz, corrupta, fallida y controladora por décadas de la sociedad venezolana.
El éxito de un proyecto político que restablezca el bienestar a los venezolanos
y recupere la soberanía nacional, está en el respeto a las regiones, a la
consulta permanente a los ciudadanos sobre los temas importantes y transcendentales
y al manejo férreo de imponer en este golpeado y sitiado país, como nuevo
modelo de estado la descentralización del poder. El mejor ejemplo de que
transitaremos este deseado camino, estará en el diseño y puesta en práctica de
nuevos mecanismos de integración que rompan paradigmas y se deslinden del
pasado. La sociedad debe estar presente y ser protagonista en la conformación
de las estructuras electorales para controlar la voracidad y manipulación de
los partidos. Debe obligatoria y necesariamente, formar parte en la toma decisiones
futuras en un programa definitivo de gobierno.
Un nuevo pacto social está
en puerta y en el debemos estar y vernos todos representados, inclusive los que
en principio no lo respalden pero que en el futuro se beneficiarán del
reencuentro real y sincero de todos, para sacar el país adelante y dejar atrás
la tragedia que se generó en las últimas 2 décadas, que serán el punto de
partida para reconocer las bondades que aún nos brinda nuestro país al que
convertiremos y exaltaremos como una tierra de gracia donde cabemos y
progresaremos todos.
La división lograda por el
oficialismo en gran parte de los partidos políticos de oposición si son un
enemigo. Produce una gran distorsión en la cultura política del país y en la
mente de muchos venezolanos. Se debe crear una estrategia y darle gran difusión
para aclararle a quienes aún están confundidos cuales son los factores que
juegan deliberadamente en contra de la unidad pueblo venezolano. La
descomposición ética y moral en el ejercicio de la política a puesto a los
partidos de mayor tradición en el país y a muchos dirigentes visibles al
servicio de la división
El enemigo a vencer no es
Maduro y el riesgo que pudiera existir para lograr su salida, son las conductas
inducidas con premeditación por todos los modelos políticos que han gobernado a
Venezuela, que por generaciones asumimos nosotros mismos como modelos a
venerar, defender, seguir o repetir. El éxito de lograr la transición y transformación
real del país está en manos de cada uno de nosotros. Debemos entender que es
real el secuestro y la degradación que sufren los partidos y la necesidad de apartarse
momentáneamente de ellos para atender el direccionamiento que se genere de la
unidad nacional que marcara progresivamente el camino a seguir. Es lo que se
espera del liderazgo emergente que encabeza y lideriza María Corina Machado, a
quien debemos reconocerle que tiene en sus manos todo el peso de lograr deponer
al régimen por la vía electoral por lo que cada uno de los venezolanos debe
ayudarle y atenderle en dirección.