Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 03:04 am
“El asunto del Esequibo será
eliminado del marco de las relaciones sociales, políticas y económicas de los
dos países”
Hugo Chávez, en visita a Georgetown el 20/2/2004
El nombre del rio Esequibo proviene del apellido del lugarteniente Juan de Esquivel que acompañó a Diego Colón durante el tercer viaje a América en 1498, la corrupción fonética la cambio tal como lo conocemos ahora, aunque la mayoría desconoce que la toponimia se debe al río, a pesar que ahora todos somos Esequibo.
Antes
del 22 de octubre a la gran mayoría de los venezolanos -incluyendo a quienes
hoy se rasgan las investiduras-, les importaba un pepino la zona en
reclamación, empezando por el gobierno que ahora sufre de manera incurable de
esequibitis delirante. No había querido escribir del tema y tampoco lo haré
desde el punto de vista histórico sino a manera de reflexión ante la cercanía y
tantas torpezas que rodean al referendo. Votar o no votar, he ahí el dilema: lo
primero no te convierte en más o mejor venezolano, ni tampoco dejar de hacerlo te
forja en traidor a la patria. Ante todo, debe imperar el libre albedrío sin
presiones ni chantajes. Quien menos culpa tiene es el venezolano de a pie. Los
traidores son otros.
Esta
es una disputa territorial que nos ha entretenido por 180 años, durante los
cuales el mayor interés ha sido por quien ejerce el control sobre los recursos
minerales existentes en la zona y avivada ahora por la insistencia del gobierno
en un territorio que es nuestro y siempre perteneció al país. Lo que es nuestro
no amerita reconocimiento. Bien lo dijo Augusto César Sandino: “La
soberanía no se discute, se defiende…” y en nuestro caso con documentos
en mano.
Mientras
Venezuela se apega a una solución en paz en común arreglo entre las partes,
según lo estipulado en el Acuerdo de Ginebra del 17 de febrero de 1966, el
presidente de Guyana Irfaan Ali invoca que la controversia deberá resolverse en
la Corte Internacional de Justicia (CIJ) organismo de la ONU para revisar ese
tipo de casos. Alegando entre otras cosas el desinterés que ha demostrado el
país, incluyendo los vídeos donde el extinto presidente por conveniencia hizo
declaraciones y concesiones para nada patrióticas. Pero existe un pero que nos
favorece y es que para entrar en acción la CIJ ambos estados deben acogerse a
esa instancia y Venezuela se opone, la Corte al admitir la controversia está
violando sus propios estatutos.
Por
connivencia al régimen le faltó oponerse con argumentos que los tiene de sobra,
cosa que no hizo el gobierno demócrata del presidente Don Rómulo Betancourt
cuando con toda la documentación en mano, se dio a la tarea de denunciar ante
las Naciones Unidas el 14, 22 de febrero y 12 de noviembre de 1962 a través de
su canciller Marcos Falcón Briceño las irregularidades encontradas
en el Laudo Arbitral o arbitrario del 3 de octubre de 1899, que privó a
Venezuela de los derechos que por títulos históricos y legales le asisten, lo que obligó al Reino Unido de Gran
Bretaña e Irlanda del Norte a convenir en
una revisión del mismo que además estuvo viciado de ilegalidad y rodeado de una
parcialidad comprobada con la falsificación de mapas, ocultamiento de
documentos y extorsiones.
El
reclamo nunca se detuvo, continúo en la década de los 80 y de los 90 hasta que
Chávez llegó al poder y echó a un lado la disputa por su ambición de ser un
emulo de Carlos Andrés Pérez “el bueno” como líder del Caribe y de las galaxias.
Si bien es cierto, que Chávez recién llegado al poder protestó diplomáticamente
la violación del Acuerdo de Ginebra, después cambio su postura radicalmente en
febrero del 2004 al dejar de insistir en la reclamación y permitir concesiones
a Guyana, cuando textualmente expresó: “El gobierno venezolano no
será un obstáculo para cualquier proyecto a ser conducido en el Esequibo, y
cuyo propósito sea beneficiar a los habitantes del área”, fue
un giro lamentable de 180 grados, que en diplomacia es mortal pues Guyana ya no
se vio obligada a negociar. Esa es la
verdad verdadera duélale a quien le duela, el que desee argumentar lo contrario
que muestre las pruebas de la inocencia de Chávez o de Maduro cuando fue
canciller que igualmente calló y se hizo eco de la frase: “La controversia con Guyana es el
legado del colonialismo” para mantener a Guyana y los países de habla
inglesa que agrupa la Comunidad del Caribe (CARICOM) de aliados, mientras pretendía
escalar posiciones en el Comité de Seguridad de la ONU.
¿Qué
despertó de nuevo el interés de ambos países y aumentó las tensiones? pues nada
más que el descubrimiento por parte de Exxon Mobil y del gobierno de Guyana de
vastos yacimientos petroleros hace más de una década o recién muerto Chávez,
que además ya estaba a punto de explotar. Guyana paso de ser el comodín para que
Venezuela alcanzará posiciones en el Consejo de Seguridad la Organización de
las Naciones Unidas a convertirse en una afrenta sería y esto se pone de
manifiesto el 29 de marzo del 2018 cuando el gobierno de la Republica
Cooperativa de Guyana (antigua colonia de Guyana Británica) asesorada y apoyado por la Exxon Mobil introdujo
ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya una solicitud de
demanda para que resuelva el conflicto territorial, la cual fue aceptada el 20
de diciembre del 2020. Que pasó entonces… que el gobierno venezolano apeló a lo
que siempre hace de despotricar y negar la legitimidad de esa instancia
para resolver la controversia -aunque con razón- en vez de denunciar el fraude
que a todas luces le estaban montando invocando la eliminación del Acuerdo de
1966 y retrotraer la discusión al Laudo de 1899. Ahora pregunto a quienes
defienden lo que desconocen ¿Por qué el gobierno de Maduro no sometió al referéndum
consultivo la legitimidad del Esequibo en el 2018 o en el 2020?, ¿Por qué
esperar cinco o tres años y ahora hacer gala de un falso nacionalismo cuando
han entregado nuestra soberanía a otras potencias, las zonas estratégicas, los recursos
hídricos y paro de contar? Además, de amenazar con sancionar al pueblo sino
vota el 3 de diciembre, cuando en la misma Constitución de 1999 dejó de ser
algo obligatorio. Ahora la interrogante impostergable es ¿Qué hay detrás de
todo esto?, el nacionalismo siempre ha sido invocado con fines inconfesables incluso
por Hitler para justificar lo injustificable y tapar lo evidente.
Considero
que el gobierno desaprovecho la oportunidad de denunciar en su momento ese
detestable “fraude jurídico” con argumentos valederos ante la comunidad
internacional y no limitarse sólo a desacreditar la CIJ, ahora el régimen
alicaído se está aprovechando del sentimiento de unidad nacional que siempre
han significado estos temas tan álgidos y necesarios como lo es la defensa integral
de la Patria y sus intereses, pero ¿Porque no lo hicieron antes y ahora después
del 22 de octubre se desató la esequibitis?, ahora todos hablan del Esequibo y
desde cuándo les ha interesado. Seamos honestos, aquí todos nos conocemos. A lo
interno todo se vale marchas y contramarchas, shows musicales, poemas, murales
con horrores ortográficos y hasta lágrimas de cocodrilo. A lo externo se
imponen las pruebas jurídicas y títulos irrefutables con la debida narrativa de
todo lo que ha ocurrido desde hace 180 años. El referendo es una necedad
innecesaria, ya Venezuela rechazó de plano el Laudo arbitrario y suscribió el
Acuerdo de Ginebra hace 57 años, llegó la hora de hacerlo valer. Quizás el
único despropósito del gobierno sea justificar el retiro del proceso que se
sigue por ante la Corte Interamericana de Justicia. Eso no soluciona nada. El
gobierno está obligado a no dejar en estado de indefensión al Venezuela y quiera o no
debe presentar la defensa ante la Corte. No hacerlo es convalidar el despojo de
1899 y exponer a que también el país pierda los espacios aéreos y marítimos
suprayacente.
Por
razones de patriotismo nunca llamaré a no votar o votar en contra de defender
la soberanía nacional eso no tiene la menor consideración ni justificación por
parte de nadie, pero la oposición debemos hacerla dentro de una verdadera UNIDAD
NACIONAL que involucre a todos y a su vez incluya la expulsión de los cubanos,
chinos, iraníes y la guerrilla del territorio nacional y de los centros de
poder. Aquí ya no manda el gobierno, manda el hampa y a quienes les han
entregado el país. Las fuerzas armadas son más vergüenza que orgullo y garantía
de nada mientras sigan entretenidas en vender pollos y apostarse en las
gasolineras.
La
disputa del Esequibo no es un tema fácil ni ayer ni hoy ante una Guyana
fortalecida y que lo ha hecho bien desde 1966, cuando le colocaron en bandeja
de plata un territorio que nunca fue suyo ni les pertenece, pero que
lamentablemente también dejó de defenderse por una Venezuela todopoderosa y
pendenciera entre 1999 al 2022 y ahora en crisis con la credibilidad por el
piso el gobierno pretende revestirse de fortaleza con un referéndum para nada
vinculante. No se puede tener una doble moral por un lado defender el
territorio y por el otro cederlo a conveniencia de mantenerse en el poder.
La
controversia del Esequibo no tendrá una solución a corto plazo y menos se hará
por un referendo tardío, aunque es necesario dar la pelea y seguir el ejemplo
de Betancourt en 1962, menos peloteras de micrófono y chat, más acciones con
documentación en mano llevándolos a dónde se tienen y deben hacer valer. ¡Quién
quiera discutir al respecto vamos a hacerlo de manera proactiva, aportando
luces sin insultos ni cuestionamientos personales!
En
este país hay mucho talento y gente competente, de buen criterio que pueden ser
parte fundamental de la pelea que realmente debemos dar más allá de las urnas
de votación del 3D.
Para
ello, primero debemos enamorar a los venezolanos por Venezuela, su territorio,
historia, identidad y razón de ser ciudadanos de este país y eso no se hace con
marchas ni discursitos cursis. La coincidencia nacionalista se construye o reconstruye.
Hay que dejar de ser fanáticos y convertimos en aficionados de Venezuela, que
son dos cosas completamente diferentes: los fanáticos siempre terminan haciendo
lo peor y los aficionados solícitos a darlo todo por su Patria.
La Abadía, noviembre 27, 2023