Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 10:26 pm
En el comienzo del año presenciamos numerosas actividades públicas de protestas, en diferentes lugares del país y, todas, tienen como razón la crisis de orden social que se vive en las grandes mayorías nacionales, afectadas por el bajo nivel de calidad de los servicios, por una inflación galopante y por bajos salarios.
Las motivaciones son recurrentes porque la crisis no es reciente, sino que lleva tiempo en la cartelera o agenda nacional. El mismo sentimiento identifica a los llaneros con los orientales, andinos, centrales, norteños o isleños, lo que, para más detalles, está evidenciado en las encuestas de opinión pública. En ellas se aprecia el descontento con las políticas y la acción gubernamental.
Las autoridades nacionales han tenido reacciones de dos tipos. La primera ha sido señalar que hay una conspiración para desestabilizar el orden público, es decir, la tranquilidad social, con lo cual hay una estrategia policial o represiva que ya ha llevado a la cárcel a varios venezolanos.
Lo malo, en todo esto, es que no se termina por saber, y en eso domina la credibilidad hacia los gobernantes, si en realidad hay tal plan o es una manera de enfrentar con dureza las protestas, sin medir la crítica de las defensorías de Derechos Humanos y hasta la crítica de organismos internacionales.
La segunda forma o estrategia es la de producir bonos adicionales a los salarios (de guerra se llama uno de ellos) para buscar aquietar a quienes no están conformes con sus ingresos y podrían tener una leve mejora en sus compras, especialmente de alimentos. Los críticos salieron a decir que los bonos no forman parte del salario, lo cual, siendo cierto, no es el meollo del problema, ya que lo correcto es que haya una rectificación general en el modelo que se viene implementando, desde hace dos décadas.
Protestas de especial significación son las personalizadas por los educadores, miles de los cuales son personas de edad adulta y jubilados de la administración pública. Todos los días aparecen notas y hasta diseños bien elaborados, en las redes, para insistir en el tema de los bajos salarios de los educadores, lo cual no resulta una novedad, sino más bien una tragedia social.
En Venezuela se requieren más de veinte mil escuelas nuevas, por supuesto con más de doscientos mil maestros, sin sumar aquí las ausencias forzadas de quienes se han ido del país, dejando aulas vacías en escuelas, liceos, colegios, tecnológicos y universidades.
De modo que las dos repuestas gubernamentales, citadas antes, no son la solución, sino que debemos asumir un gran plan de revitalización integral del sistema educativo, con participación de todos los sectores. Es decir, una gran discusión nacional, donde el eje podría ser el parlamento, hoy no solo desasistido de líderes en su cúpula y en los estados, sino disminuido en su aceptación nacional.
78 años de la democracia cristiana como partido
Se conmemoró un nuevo aniversario de la presencia partidista de la democracia cristiana en Venezuela. Oportunidad para revalidar los méritos de miles de venezolanos que desde esas trincheras se esforzaron por nuestra patria, en sus condiciones de dirigentes, nacionales, estadales, municipales, parroquiales, aldeanos y comunitarios.
23 de enero
La fecha pudo haber servido para una gran expresión de entusiasta adhesión al sistema político democrático. No ocurrió así. Con el paso de los años puede ocurrir que ya ni los medios citen el fin de la dictadura militar de los años cincuenta.