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Antonio Márquez Salas en campo descubierto por Orlando Oberto Urbina

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Antonio Márquez Salas en campo descubierto por Orlando Oberto Urbina


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Antonio Márquez Salas, abogado y escritor, considerado por la crítica literaria como uno de los más brillantes representantes de la cuentística venezolana en el siglo XX, tiene una treintena de libros en la que va a recogerse su variada producción literaria, la cual se recopiló en una publicación de la Asociación de Escritores de Venezuela; de aquella Venezuela próspera que una vez conocimos, y a la que ya reclamábamos por su mala administración pública y su poca justicia social.

En la escritura de Antonio Márquez Salas, sus personajes entran al abismo social, y se sumergen en esa atmósfera mientras cada uno de los personajes se van poblando de una persistencia en cuanto a lo vívido, y a todas esas situaciones que llevan a la incertidumbre de sus historias que se van hilando de manera original.

En Márquez Salas hay una escritura que podría revelarnos que en el siglo XXI no parecen haberse curado esos malestares que se van retratando y describiendo como en el relato “¿Vuelves Ordenanza?”, que nos va relatando una historia que marca lo andino, y está lleno de una memoria viva donde la lluvia va arreciando en la humanidad del arriero que en silencio transita su porvenir. El río es un símbolo de la merideñidad: es un espejo de la montaña y el río despunta la flor del agua.

En todos los relatos de Márquez Salas está presente la lucha por la esperanza, ya que la incertidumbre no puede ser la suerte de los que luchan. En el relato “El Hijo”, la neblina envuelve como una blanca bufanda el cuello de la sierra; nos lleva a su mágica narrativa que amarra al lector, y nos va llenando de ternura los ojos.

Su trabajo literario nos va a conducir a una belleza estética de esa escritura. Hacemos especial mención de una obra que fue ganadora en 1947 del concurso de cuentos de “El Nacional”, como es “El hombre y su verde caballo”. En éste parece que el indio Genaro, por haber sufrido aquel accidente, y apoyado en su muleta, transita desafiando su futuro; parece como si hubiese sanado la herida de la pierna, pero el mal persiste por dentro y deben amputarle.

Luego le sigue los relatos “Ismael”, “El cumpleaños”, “La niña y el mar”, “La sospecha”, “Adolescencia”, “Crepúsculo” y otros relatos de significativa importancia literaria que son recogidos en su obra póstuma Ese Salvaje Resplandor de Incertidumbre.

Antonio Márquez Salas fue integrante del grupo literario “Contrapunto” y se dio a conocer con una narrativa que se va a destacar durante esa generación de los años cuarenta. Gana en 1947 el premio del concurso del diario El Nacional con su cuento “El hombre  y su verde caballo”, el cual es una de sus primeras obras en la cuentística venezolana con una recia capacidad de expresión que va a amarrar al lector por su asombrosa imaginación que ofrece una serie de recursos literarios más allá del costumbrismo y el tradicionalismo de su época, y nos va a llevar a la figuración de una narrativa que inventa el ejercicio de ese lenguaje duro que logra inteligentemente imponerse a los delirios de la razón.

Antonio Márquez Salas nació en Chiguará en 1919, estado Mérida. Es un literato que va a proponer un lenguaje intimista en medio de un lirismo mítico y simbólico habitado en su novela “Viaje a Thule”, publicada por El perro y la Rana. Él es uno de los escritores que ganó tres veces el concurso de cuentos del diario “El Nacional” con sus relatos “El hombre y su verde caballo” (1947), “Como Dios” (1952), y “Solo en Campo Descubierto” (1963).

Este autor va a tener una manera muy particular de constituir el análisis de los tópicos, es decir, los esquemas del pensamiento. Su sensibilidad como creador lo convierte en el creador de una narrativa dentro de una corriente de jóvenes autores que van a publicar en la revista Contrapunto entre los años 1946 y 1949. En Contrapunto está, por cierto, el periodista y escritor Héctor Mujica.

Antonio Márquez Salas será considerado uno de los que va a promover en las letras venezolanas a partir de un acercamiento a las distintas orientaciones o influencias de escritores contemporáneos europeos y norteamericanos, que van a influir en los jóvenes venezolanos como Pocaterra, Meneses y Uslar Pietri, entre otros, ya que es Antonio Márquez Salas quien va a renovar la temática literaria venezolana, dándole otra mirada narrativa novedosa.

Su acervo literario se adentra a un camino lleno de profundas convicciones imaginarias o reales. Algunos críticos literarios han visto en él una posible influencia del escritor norteamericano William Faulkner. En nuestro escritor, Antonio Márquez Salas, sus obras van describiendo la intriga, ese malestar en que las mujeres hablan de sus dificultades tanto en el amor como su estatus social, en el que aparece un hombre en su terrible pobreza, y en la que su vida es un desespero de la esperanza de vivir. Ese personaje construye una narrativa en la que unen a una mujer y a un hombre y se van a encontrar con una verdad de que la vida va a ser cualquier cosa vivida.

En otros cuentos como “Solo en campo descubierto y Otros Cuentos”, “El hombre y su verde Caballo”, y “Viaje a Thule”, va consolidando su obra literaria con un lenguaje propio que lo va a distinguir de otros narradores venezolanos.

En Antonio Márquez Salas se va a dar un carácter expresionista dentro de las líneas que van a lograr inventarse en su propia forma y manera dentro de las metáforas que ha logrado inventar su propia manera de llevar el arte de creación literaria, donde nos va a entregar su revelación en esa cuentística severa.

Este escritor, hombre de oficio, llegó a decir que “no tenía tiempo para ser literato”.

En su vida, dejó una treintena de libros, entre los libros de relatos y su única novela “Viaje a Thule”: “¿Vuelves Ordenanza?” (1951), “Domboe Salah Her y sus treinta y dos mujeres” (1983), además del famoso discurso dado en su pueblo natal de Chiguará en un homenaje que se le rindiera (1968). Quienes han estudiado profundamente su obra literaria, señalan que su primer cuento es “Central”, porque aparece publicado en Fantoches (1943). Este escritor merideño debería ser desempolvado de las bibliotecas y puesto en estudio para que las nuevas generaciones puedan conocer sus relatos y cuentos, así como su novela. Es un interesante hombre de letras y de reconocida trayectoria narrativa en el país.





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