Mérida, Abril Martes 21, 2026, 11:17 am
En el curso de mi infancia advertía, deprimido, que en el mundo nuestra especie [«humanitaria presunta»] es proclive a prácticas bárbaras y confiscatorias. Sin causas científicas explicables, minorías deciden quiénes, cuándo, cómo, dónde y hasta qué instante los «desahuciados por nacimiento» existiremos o ya no. Libres o confinados en hospicios. Con ideas propias, inoculadas o sentimientos inmanentes. Entre miles de millones de personas destacan y «dominan» los menos racionales, empero audaces e inescrupulosos para cabalgar encima de sus sodomizados: «enfermos de pánico», «cobardes», «ofuscados», «cómplices» y «borregos».
Los más aptos para percibir, analizar, deducir, argumentar, formular ideas o soluciones son reclutados por cúpulas de salvajes con obvios y fines: que, alevosos, glorifican decapitaciones, linchamientos, genocidios la «discordiatoxis» en nombre de profetas del imaginario popular o «estabilidad de sistemas de gobierno» [nada distinto a «castas al mando» de naciones]
No tiene sentido nacer para vivir hambrientos, desabastecidos, presas de necesidades insatisfechas, física y psíquicamente débiles, sujetos a la inequidad e injusticia, hostiles, desconfiados. Somos esclavos de una existencia que duro dicta transmutándonos hacia lo monstruoso posible.
En el curso de mi infancia, atribulado, me persuadí: nuestra especie no es «humanitaria» sino incorregiblemente lesiva y exterminadora. Debe extinguirse tras el empleo de la Cognición que jamás de Su Majestad la Violencia Demencial. Procreamos vástagos que, pese a recibir mendrugos de amor o alimentos, afligirán y estarán condenados a [de prisa] experimentar lo que sus ascendientes.
Siempre habrá «esperpentos» a los cuales expoliarán denigrándolos, los nacidos de «aventajados» podrán comer en exceso y vivir en opulencia durante la brevedad o lapso de sus vidas. Soy un pensador-escritor de inteligencia emancipada por cuanto nunca concebiré inteligible ni acataré la autoridad que celebra lo inicuo y desigualdad.
No apruebo [ni lo haré] padezcamos penurias de edictos causas porque lenidad. No nací ni soy de nadie enemigo e infaustamente me llené de ellos, empero puedo matar tanto como alguien lo urdiere. Escribo porque en el principio del Universo no fue sino la Palabra que lo designaría hologramas convirtiéndonos tangibles. Ninguna fenomenología religiosa que haya fabulado la Especie Humana es santa. De nuestra presencia sólo nosotros somos responsables: cuando somos crueles, fraternos, filántropos, nobles, misántropos, asesinos, codiciosos, parricidas, exterminadores [«ad infinitum»].
albertjure2009@gmail.com