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Por Alberto José Hurtado B.

China y la nueva política industrial por Alberto José Hurtado B.



China y la nueva política industrial por Alberto José Hurtado B.

La política industrial china ha alcanzado relevancia global no sólo por la aplicación de subsidios, sino por un sofisticado sistema de coordinación articulado entorno al Catálogo de Orientación Industrial, instrumento normativo emitido por la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma desde 1993. Este mecanismo, integrado a los planes quinquenales del gobierno chino, clasifica sectores de la economía como alentados, restringidos o prohibidos, a partir de lo cual se logra la asignación de recursos estatales, financieros y humanos, hacia actividades estratégicas. Su éxito radica en generar fuertes economías de escala mediante la sincronización intersectorial. Es decir, en simultáneo, los gobiernos locales otorgan subsidios y derechos de uso de suelo; las entidades financieras, tanto bancos estatales como fondos de inversión, facilitan créditos preferenciales; y las universidades diseñan programas de formación alineados con las prioridades identificadas en el catálogo. Esta integración ha permitido que, en sectores como semiconductores o acero, China se haya convertido en el líder mundial de bienes manufacturados.

Las ventajas de este modelo de política industrial son indiscutibles. Al articular señales claras con múltiples actores, el catálogo trasciende la planificación tradicional para convertirse en un generador de externalidades positivas, al reducir costos mediante profundos encadenamientos productivos, especialización tecnológica y resiliencia del ecosistema industrial. Por ejemplo, en semiconductores, el catálogo de 2024 detalla dieciséis subsectores críticos, desde vidrio ultrafino para paneles táctiles hasta circuitos integrados compuestos y empaquetado avanzado. Esta precisión técnica es la que ha permitido a China escalar rápidamente en esta industria de alto valor agregado, transformando la escala en un activo estratégico frente a presiones geopolíticas.

A pesar de ello, esta nueva forma de política industrial también genera desafíos estructurales profundos. La sobreproducción (overcapacity), ya no constituye un fenómeno sectorial aislado, sino una condición sistémica que se refleja en los precios que desde 2024 registran caídas generalizadas en prácticamente todos los sectores. El catálogo, al incentivar la entrada simultánea de empresas locales, ha desencadenado expansiones industriales no coordinadas a nivel microeconómico. Esto ha traído como resultado una acumulación desproporcionada de capacidad instalada que reduce el poder adquisitivo agregado y erosiona los términos de intercambio mediante la caída de precios de los bienes exportables, condición con potencial para llevar a la economía a un ciclo de crecimiento empobrecedor. Es decir, la expansión de la capacidad industrial de manera persistente amenaza con socavar el bienestar nacional.

Así, la sobreproducción es hoy un rasgo característico del paisaje industrial chino. De allí que el desafío principal de esta nación asiática no es abolir la política industrial, sino adaptar las reglas internacionales para disciplinar el aprovechamiento de las economías de escala sin cerrar los mercados. China ha demostrado que la coordinación estatal puede facilitar el crecimiento económico, pero también que el excesivo aprovechamiento de las economías de escala impulsa la prosperidad y tiene el potencial de generar una peligrosa contradicción, al crear un pasivo sistémico para la economía local y para la estabilidad del comercial mundial. En la era de las cadenas globales de valor, el diseño institucional debe equilibrar la ambición industrial con la sostenibilidad estructural.

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