Mérida, Enero Sábado 31, 2026, 02:16 am
La política industrial china ha alcanzado relevancia
global no sólo por la aplicación de subsidios, sino por un sofisticado sistema
de coordinación articulado entorno al Catálogo de Orientación Industrial,
instrumento normativo emitido por la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma
desde 1993. Este mecanismo, integrado a los planes quinquenales del gobierno
chino, clasifica sectores de la economía como alentados, restringidos o
prohibidos, a partir de lo cual se logra la asignación de recursos estatales,
financieros y humanos, hacia actividades estratégicas. Su éxito radica en generar
fuertes economías de escala mediante la sincronización intersectorial. Es
decir, en simultáneo, los gobiernos locales otorgan subsidios y derechos de uso
de suelo; las entidades financieras, tanto bancos estatales como fondos de
inversión, facilitan créditos preferenciales; y las universidades diseñan
programas de formación alineados con las prioridades identificadas en el
catálogo. Esta integración ha permitido que, en sectores como semiconductores o
acero, China se haya convertido en el líder mundial de bienes manufacturados.
Las ventajas de este modelo de política industrial son
indiscutibles. Al articular señales claras con múltiples actores, el catálogo
trasciende la planificación tradicional para convertirse en un generador de
externalidades positivas, al reducir costos mediante profundos encadenamientos
productivos, especialización tecnológica y resiliencia del ecosistema
industrial. Por ejemplo, en semiconductores, el catálogo de 2024 detalla
dieciséis subsectores críticos, desde vidrio ultrafino para paneles táctiles
hasta circuitos integrados compuestos y empaquetado avanzado. Esta precisión
técnica es la que ha permitido a China escalar rápidamente en esta industria de
alto valor agregado, transformando la escala en un activo estratégico frente a
presiones geopolíticas.
A pesar de ello, esta nueva forma de política industrial también
genera desafíos estructurales profundos. La sobreproducción (overcapacity),
ya no constituye un fenómeno sectorial aislado, sino una condición sistémica que
se refleja en los precios que desde 2024 registran caídas generalizadas en
prácticamente todos los sectores. El catálogo, al incentivar la entrada
simultánea de empresas locales, ha desencadenado expansiones industriales no
coordinadas a nivel microeconómico. Esto ha traído como resultado una
acumulación desproporcionada de capacidad instalada que reduce el poder
adquisitivo agregado y erosiona los términos de intercambio mediante la caída
de precios de los bienes exportables, condición con potencial para llevar a la
economía a un ciclo de crecimiento empobrecedor. Es decir, la expansión de la capacidad
industrial de manera persistente amenaza con socavar el bienestar nacional.
Así, la sobreproducción es hoy un rasgo característico
del paisaje industrial chino. De allí que el desafío principal de esta nación
asiática no es abolir la política industrial, sino adaptar las reglas
internacionales para disciplinar el aprovechamiento de las economías de escala
sin cerrar los mercados. China ha demostrado que la coordinación estatal puede facilitar
el crecimiento económico, pero también que el excesivo aprovechamiento de las
economías de escala impulsa la prosperidad y tiene el potencial de generar una
peligrosa contradicción, al crear un pasivo sistémico para la economía local y
para la estabilidad del comercial mundial. En la era de las cadenas globales de
valor, el diseño institucional debe equilibrar la ambición industrial con la
sostenibilidad estructural.
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