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Por Orlando Oberto Urbina

Crónicas memorables

El sendero literario de Karelyn Buenaño por Orlando Oberto Urbina



Crónicas memorables

El sendero literario de Karelyn Buenaño por Orlando Oberto Urbina

bajarigua@gmail.com

adicorazul@gmail.com

 

A la memoria de Maura Fernández Peña,

abuela materna de Karelyn,

mujer de trabajo duro, y de trasiega infinita.

 

Ella es una escritora vista desde la ventana de la literatura venezolana y particularmente de la merideña; una mujer que se ha dedicado en cuerpo y alma a escribir como oficio, a cuidar el trabajo literario de los creadores. Su escritura ha venido teniendo reconocimiento, así como su labor como especialista de la plataforma del libro y la lectura del gabinete de cultura Mérida, recientemente homenajeada en la XXII Feria Estadal del Libro del Ibime, pues va tejiendo palabra sobre palabra la creación de sus textos poéticos, narrativos, y de promoción literaria.

Karelyn Buenaño es poeta, docente universitaria y promotora cultural, licenciada en idiomas modernos mención investigación lingüística-literaria en la Universidad de los Andes. Nació en 1980 en Mérida. La escritora va asomando esa ventana de lo creacional que va procurando satisfacer el alma atraída y colmada por lo que contempla su belleza escritural.

Asumiendo que el arte es una recreación de esa realidad del ser social que palpamos a diario, no somos ajenos a lo que nos rodea. Así sucede con ella. En cada obra de Karelyn Buenaño hay un sendero de efervescencias, esquemas diversos, diseños insospechados, lo cual ha sido una constante en su oficio desde sus inicios. Ha publicado: La ciudad nos cantará para abrazarnos (mención poesía DAES, ULA 1999); Complejo de Dido (Premio poesía DAES, ULA 2003); Siniestra (Ediciones Gitánjali, Mérida, 2005); Trópico de Circe (Fundación Editorial El perro y la rana, Caracas, 2006); La condición del fuego (Efory Atocha Ediciones, Madrid, 2012); El libro de las mutaciones para yonkis (Imprenta Regional Mérida, 2015); El sendero de Las Blasas, (Novela, beca de estímulo a la creación literaria del Cenal. Fundación Editorial El Perro y la Rana, 2019); Lázara (Fondo Editorial Fundarte, colección Yo misma fui mi ruta, Caracas, 2023).

Entre experimentalismos y una particular búsqueda de una voz propia, su sendero va tejiendo nuevas metáforas entre el mundo interior y el mundo de la calle, donde los transeúntes pasan las calles, y al mismo tiempo son transformados por la poesía. Ella es observadora, y describe ese mundo abigarrado en toda esa inquietud como quien renace de las sombras, como ave fénix:

Con amor. Muérete. Bestia. San Nicolás nunca vino a visitarme. / San Nicolás sé robo mi árbol.

En su poesía hay una condición mágica que el ser humano va expresando, el rincón de la palabra, o la palabra misma, intenta igualarse con Dios. El verbo nostálgico del caos a veces reina en mitad de la voz poética:

San Nicolás le metió cuatro tiros al niño Jesús mientras yo abría idiota mis idiotas regalos.

En este texto se expresa la aniquilación del hijo del creador, y un acto de dolor e ira que, a su vez, deviene una poesía irreverente y desafiante.

En Complejo de Dido, en el poema Domingo hay una lectura de juicios que favorece a unos y no pasa inadvertido en otros como la poética de esta escritura que nos dice: 

Tan virtuosas las feligresas/pareciera que volaran/pero no las tropiece por la calle/un pecador dominguero/ porque se cambian de acera/ de sindicato/ de partido/ de avenida/ Gracias a Dios se la viven juntas/no fuman ni toman ni bailan pegao/ no andan dándole a nadie gusticos lujuriosos por ahí

En esta poesía no se evade la realidad, la poesía compensa las menguas de la vida, y nos va dando ese trajín diario de lo cotidiano que muchas veces se escapa de lo que vivimos. En su otro libro Lázara (Fundarte, 2023), vemos una construcción de textos poéticos que en su originalidad y rigurosidad combinan esas motivaciones estéticas que anidan circunstancias como esa flor solitaria cuya semilla se da en todas partes, y crece ebria como el misterio de los mitos de la humanidad, que lleva consigo un derrotero de dioses y héroes amalgamados como los que vamos a leer en Lázara:

Calíope Eremita/ reparte sus camelias y mermeladas a lo más alto y ortodoxo de Tesalia

Esa distinción poética abarca campo completos y aprehensibles de acción y experimentación de esa estética que se fija en esa cualidad general de la palabra entre la tragedia de nuestros tiempos, la mitología y los ritos religiosos, cuyas imágenes primordiales recobran su fuerza en cada poema:

Todos los pueblos/ bruñen bajo el Trueno sus carrozas de Ares/ Tendríamos que haberlas aguantado/ más el Vulturno no espera por nosotros

Ayahuásquense/ Dionisios/ Wanadi / Rama Chandra/

Todos los pueblos/ tienen un corazón/ que no se deja/ engullir sus entrañas de las águilas.

Ella parece provocar al alma dormida con esa voz que se levanta y clama por el porvenir diario de los pueblos. Este libro canta a la resistencia de sus artes que es un reflejo de lo viviente.

En su novela El sendero de las Blasas, el leitmotiv es la (otra) historia de la loca Luz Caraballo a partir del poema de nuestro poeta Andrés Eloy Blanco. Karelyn Buenaño reivindica a esta mujer, a María Blasa Ramírez y a María Blasa Rivas desde una mirada distinta que va a rescatar lo humano y sentimental de esa Blasas: de esas mujeres que parece que nadie ha observado como la autora en su investigación, y una novela que puede ser más visibilizada y difundida para que muchos más puedan conocer a las Blasas, así como sus sueños, sus riesgos, sus acontecimientos, y sus deambulaciones solitarias.

Una vez más, encontramos desde la literatura a la mujer abandonada a su suerte, con una carga de elementos que se suman a todos esos graves dilemas de la mujer del campo y de la ciudad, por la que cobra importancia el sentido de esta obra:

Yo no diría que escondo cosas. Más bien, deseo liberarme…

Mira, Bruno: ni creas que con lo animado de esta conversa te salvarás de explicarme cómo fue que te llegaron mis cartas.

Hace muchos años subían Clemencia, Melitón y Blasa niña al negocio de un amigo. En su bodega había paledonias, melcochas, recién hechas, frascos de melindres y dulces de panela. De pronto unos hombres conocidos como los Trejo y una señorita a quien llamaban María Blasa venían de bajada en un tropel de mulas. A la quinceañera la neblina soplaba le revolvía los cabellos juguetones y rubios. Ella y sus compañeros de viaje también se detuvieron allí a comprar víveres. La muchacha linda, sonrojada y trémula de frío, miraba a los alrededores con un par de avellanas verdes que soltaba las babas de cualquiera.

Tanto en la novela de Karelyn Buenaño como en su poesía, la femineidad también se arraiga como fondo insoslayable. En ese testimonio de su construcción, Karelyn Buenaño va apuntando lo importante que es crear el sendero literario de la propia obra, al menos del modo que ella hilvana sus obras literarias.