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Por uan José Cañas Zambrano

Un Amor en Cuatro Tiempos por Juan José Cañas Zambrano



Un Amor en Cuatro Tiempos por Juan José Cañas Zambrano

Todo gran amor comienza con una coincidencia que el destino disfraza de azar. En este primer tiempo, el mundo se reduce a la sorpresa de un encuentro. Es la etapa del deslumbramiento, donde las palabras sobran y las miradas lo dicen todo. Aquí nace la promesa, esa curiosidad insaciable por descubrir el universo que habita en el otro. Es la primavera del sentimiento todo es nuevo, vibrante y está lleno de una luz que parece no apagarse nunca.

Superado el ímpetu del inicio, el amor se asienta en la realidad. Es el tiempo del "nosotros", donde se entrelazan las historias personales para formar una sola raíz. En esta etapa, el amor no solo se siente, sino que se trabaja. Se construyen los cimientos sobre los que descansarán los sueños compartidos, los viajes, los hogares y los proyectos. Es el verano del alma, donde el calor de la compañía es constante y los días son largos, productivos y llenos de vida.

Ninguna historia está exenta de tormentas. El tercer tiempo es el de la madurez, aquel donde el amor se pone a prueba frente a las vicisitudes del mundo exterior. Aquí, la pasión se transforma en una complicidad inquebrantable; el otro deja de ser solo el amante para convertirse en el puerto seguro. Es el otoño, donde caen las hojas de lo superficial para dejar al descubierto la verdadera estructura de la relación la lealtad, el respeto y la capacidad de perdonar.

El último tiempo no es un final, sino una culminación. Es la quietud de quien mira hacia atrás y reconoce que el camino ha valido la pena. En esta etapa, el amor se vuelve silencioso, profundo y sagrado. Es la paz de saberse comprendido sin necesidad de hablar, la belleza de las manos que se siguen buscando a pesar del tiempo. Es el invierno acogedor, donde el fuego de los recuerdos compartidos mantiene el alma caliente, demostrando que el amor verdadero no teme al paso de los años, porque ya se ha vuelto eterno.