Mérida, Mayo Miércoles 06, 2026, 08:17 am
Leyendo “Cuando
era feliz e indocumentado” de Gabriel García Márquez, escrito cuando el
gran escritor colombiano vivía en Caracas, tomo de uno de sus escritos el
título a propósito de la visita que han hecho recientemente los obispos que
integran la Conferencia Episcopal Venezolana al Santo Padre León XIV. En ese
pequeño libro, el escritor colombiano se refiere a la posición asumida por
Monseñor Rafael Arias Blanco, Arzobispo de Caracas, en Carta Pastoral leída en
todas las iglesias de Venezuela el 1 ° de mayo de 1.957, día internacional del
Trabajo.
Con gran valentía, en un contexto de amenazas por la tiranía perejimenista, el Arzobispo de Caracas publica su Carta Pastoral. Se trata de un documento breve en el que denuncia los graves problemas del desempleo, “que hunde a muchísimos venezolanos en la desesperación; los salarios bajísimos, mientras los capitales que hacen fructificar esos trabajadores aumentan a veces de una manera inaudita; el déficit de escuelas, necesarias a fin de que los hijos de los obreros puedan adquirir cultura y formación para llevar una vida más humana que la que han tenido que sufrir sus progenitores; la falta de prestaciones familiares; la frecuencia con que son burlados la Ley de Trabajo y sus instrumentos legales; y las injustas condiciones del trabajo femenino, todos los cuales son hechos lamentables que están impidiendo a una gran masa de venezolanos poder aprovechar, según el plan de Dios, la hora de riqueza que vive nuestra Patria”.
Ahora, cuando el pueblo venezolano sufre una situación de calamidad mucho mayor que cuando Pérez Jiménez, ¿la voz de la Conferencia Episcopal es tan valiente como en el año 1.957? Los venezolanos vemos cómo el episcopado venezolano guarda silencio o habla con debilidad, y públicamente muestra simpatía por el gobierno, que goza de un rechazo mundial por sus crímenes atroces. Las redes sociales muestran a algunos arzobispos que le imponían las manos y bendecían a la pareja presidencial, por supuesto antes del 3 de enero. Sin embargo, hoy lo hacen con la encargada del gobierno Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello, “Nicolasito” Maduro Guerra, el hijo heredero de las mañas y de la fortuna de su padre.
Hay un silencio en la Conferencia Episcopal que genera mucho ruido, que causa desasosiego entre la feligresía católica y entre el clero que conoce las prácticas corrompidas de algunos de ellos y de sus mitrados.
Solo una voz clama en el desierto, como dice la Biblia, la del valiente S.E.R. Monseñor Baltazar Enrique Cardenal Porras Cardoso, que ha recibido agresiones y ofensas del gobierno y sin embargo mantiene muy en alto la dignidad de los jerarcas de la Iglesia Católica Venezolana. Lo sabe el Papa León XIV que guarda un silencio prudente ante la visita los obispos venezolanos. Seguramente le prestará más atención y le tendrá credibilidad al valiente Cardenal Porras.