Mérida, Mayo Viernes 15, 2026, 11:19 pm
ROSARIO PÉREZ
Diario ABC de Madrid
Foto: Plaza 1
Si la tauromaquia es un pecado, en el templo del
toreo se citaron 22.964 pecadores en el cuarto 'No hay billetes' de la feria,
que acabaría siendo también el de la cuarta Puerta Grande de Fernando Adrián.
Nadie quería perderse el festejo del día mayor de San Isidro. Ni siquiera los
antitaurinos, que se colaron por la mañana en la Monumental para colgar una
pancarta en la que condenaban a quienes no cumplían los mandamientos del
animalismo: ya saben, el amarás a tu perro más que a tu abuelo; llevarás al gato
en un carrito de bebé con su camisita y su canesú... Comentaba un abonado que
el letrero ya lo podrían haber exhibido frente a uno de los toros del Torero.
Qué corrida más seria, completamente cinqueña, trajo doña Lola Domecq a Las
Ventas. Una señora corrida, emocionantísima de principio a fin, de las que
venden cara su vida, de las candidatas a premio. Una gozada pecar así: de
momento, la tarde de más interés del serial. Por toros y por toreo. Apunten a
Fortes, inmenso y puro al natural.
Ahí tenían a «Dardillo», que era Dardazo: ¡vaya
agujas! Con decisión, ganándole terreno, lo saludó el malagueño a la verónica,
pero cuando iba a colocarlo en el peto, el imponente castaño se le venció, lo
arrolló y le pegó un volteretón pavoroso antes de aplastar las pezuñas sobre su
piel. Asomaba la sangre en el umbral del ojo, con una hinchazón en el pómulo
que asustaba. Pero Fortes declinó marcharse a la enfermería y se dirigió a los
medios para brindar. Terrorífica la cogida -¡otra vez!- cuando se asentaba con
el toro, que le lanzó un hachazo a la pierna y lo pisoteó sin piedad. Ni un
palmo de su cuerpo, tallado con el sello de la autenticidad, se libró de las
magulladuras. Saúl regresó a la cara con idéntica entrega frente a un animal
que volvió a disparar un derrote en el de pecho. Igual le dio: nunca perdió su
firme serenidad, sin dar la mínima importancia a la paliza que llevaba en lo
alto.
Sin un solo aspaviento, pasó a la enfermería para
ser operado de una cornada en la pierna, que contusionaba la tibia. Con
anestesia local, pues quería rematar su tarde. Y a las ocho y veinte pisó de
nuevo el redondel para dar cuenta del quinto. Hasta la plaza de Manuel Becerra
llegó el eco de aquel ole por el zurdazo interminable de la apertura. Y en ese
pitón se centró, que por el otro era menos claro y agradecido. Aplomadísimo
Fortes, que enronqueció más las gargantas en naturales de uno en uno, de conmovedora
pureza, tan atalonado, rematando allá, en esa cadera que es mar. Largos y
profundos, lo de más cara categoría. De una estocada lo cazó la mano de la
alianza, la del compromiso del hombre y del torero. De quien vive como torea y
torea como vive. De ley la oreja. Por unanimidad.
De otro tono, y en medio de otro ambiente, había
sido la del tercero. Qué espectáculo Encarcelado, de estampa antigua. Y cómo lo
toreó Fernando Adrián a la verónica, despacito, echando los vuelos adelante.
Lances que, de nacer en el sur, hubiesen puesto la plaza en pie. Qué torería
brotó luego en el quite de Urdiales, con una media que rebosaba naturalidad.
Prometía la embestida del berrendo en negro por esa manera de transmitir. Era
un toro muy de público, con arrogancia y movilidad, con el que Adrián mostró
una entrega absoluta, pese a la división. Debe ser jodido estar ahí abajo
frente a un tío con esas puntas y de tan temperamental casta envuelto en ese
ruido ensordecedor. Tuvo altibajos la obra, pero su disposición fue máxima, con
ligazón y con Encarcelado descolgando cada vez menos, mientras un sector le
recriminaba la colocación. Valentísimas las bernadinas, cambiándole el viaje,
antes de hundir el acero. Con los tendidos divididos paseó la oreja.
Tremendo susto cuando el imponente sexto lo aupó
en el recibo, por fortuna sin hacer presa. No perdonó, sin embargo, a Curro
Javier, que se había asomado al balcón en el primer par y en el último lo
prendió de espantosa manera por la chaquetilla, a la altura de la axila. Para
matarlo. Qué violencia la de Herrerillo. Con la plaza aún conmocionada, Adrián
brindó a Alberto Contador, preparado a emprender otra dura etapa, otra vez con
el graderío partido en las opiniones. Crispadísimo el clima mientras bajaba las
telas al notable y bravo toro, con muletazos de mucho mérito. Ni que el
puntillero lo levantara dos veces frenó la pañolada. Quizá pocos recuerden
mañana un muletazo, pero su actitud fue encomiable ante un lote muy serio y
nada fácil.
Un mundo le costaba humillar al fuerte primero,
con un inmenso tren delantero, siempre encampanado. Vaya trago pasó Diego
Urdiales, sin convicción con el durito Buscón; para colmo, el viento
imposibilitaba gobernar los chismes. De una habilidosa estocada lo envió a otra
vida. Con el lujo del clasicismo dibujó los naturales al cuarto, de buena
condición, con mejor embroque que finales, un toro con muchas posibilidades.
Estéticos los derechazos, con el riojano gustándose ahora. Soberbia la
estocada, de premio, que despertó algunos pañuelos. Para paladear fueron sus
lances al sexto antes de la salida a hombros de Adrián, al que ya nadie podrá
arrebatarle su cuarta gloria venteña.
FICHA
DEL FESTEJO
Monumental
de las Ventas. Viernes, 15 de mayo de 2026. Séptima corrida. Cartel de 'No hay
billetes'.
Toros
del Torero, cinqueños, de seria presencia y de serio comportamiento, con mucho
interés; los hubo duritos, pero también de buen juego.
Diego
Urdiales, de verde y oro: estocada (silencio); gran estocada (saludos).
Fortes,
de berenjena y azabache: estocada desprendida (saludos); estocada desprendida
(oreja).
Fernando
Adrián, de lila y plata: estocada tendida y descabello (oreja con protestas
tras aviso); estocada (oreja tras aviso).