Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 06:18 pm
Dicen algunos pensadores que
los ciclos históricos se repiten, algunos más temprano que otros, pero se dan
en otras dimensiones entre el tiempo y el espacio. Para Guillermo Meneses “la
democracia implica la ausencia de todo personalismo, la devoción por las ideas
y no por los individuos”. Sin embargo, nuestra historia actual parece estar más
llena de personalismo e idolatría que de ideales, y así no es posible construir
una democracia; todo intento democrático queda sin bases y sin raíces
liberadoras.
Para aquel momento, el 6 de
septiembre de 1945, había aparecido alguien que contaba con las mayores
posibilidades de ser un candidato democrático, y que tenía como adversarios a
sus viejos amigos lopezcontreristas,
quienes se oponían a aquel personaje que venía de transitar de una acera a la
otra, y que abría –o estaba a punto de abrir- un nuevo capítulo de la historia
política venezolana cuyas fuerzas del progreso en Venezuela deseaban la
continuidad de aquella política que había comenzado a trazar el general Isaías
Medina Angarita, quien había adelantado algunas líneas que abriera el camino a
una democracia, aun enfrentando al enemigo eminente que era Eleazar López
Contreras y compañía.
Señalan algunos historiados,
politólogos y sociólogos que era el hombre, ese personaje llamado Diógenes Escalante
y quien parece haber sido llamado a cambiar la historia del país. ¿Qué pasó con
este ilustre personaje que, a punto de llegar a obtener la primera
magistratura, se enloquece y pone en entredicho aquella novedad noticiosa? La
misma que decía que aquel respetado diplomático que las últimas semanas había
sido escogido entre las organizaciones políticas como el Partido Democrático
Venezolano (PDN) y Acción Democrática (AD) para que fuera presidente de
Venezuela había perdido la razón de un momento a otro, y sin motivo aparente.
Diógenes Escalante era el
hombre, el candidato en el cual muchos esperaban para que cambiara la historia
del militarismo, la intolerancia y el atraso que según algunos historiadores
había marcado hasta entonces el devenir de nuestra querida patria. Escalante
había perdido la cabeza en el momento más inoportuno, cuando estaba a punto de
alcanzar la presidencia de la república después de haber sido electo por las
distintas tendencias políticas del momento. Otros señalan que su candidatura
nunca se llegó a formalizar, y que aquel 11 de septiembre de 1945 se marchó
para no volver jamás, y tampoco recuperó la razón.
Con Diógenes Escalante,
señala la periodista Maye Primera, quien escribió sobre este personaje y en la
que manifiesta que con el diplomático “volaron también las esperanzas para la
verdadera democratización del país”. La democracia que debe dejar afuera todo
personalismo, en la cual debe haber devoción por las ideas y no por los
individuos, parecía haberse adelantado en pro de una nueva forma de democracia,
y se había decidido por la candidatura de Diógenes Escalante, y oponerse al regreso
de Eleazar López Contreras. Estaban unidos en cuanto al candidato que
aseguraría el perfeccionamiento de un sistema democrático en Venezuela.
Es fundamental pensar si
estos episodios pudieran o no parecerse a ese fantasma que vuelve a parecerse
en pleno siglo XXI, cuando no se practican los ideales, sino el personalismo, el
caciquismo, el caudillismo en estos tiempos de Inteligencia Artificial. No
podemos seguir creyendo en súper héroes, ni mucho menos en salvadores. El país
debe enrumbarse por el debate político y no por la confrontación, mucho es el
cansancio de escuchar y hacer lo mismo de lo mismo, y nada de soluciones. Los
venezolanos comienzan a preguntarse qué ese estado
de cosas que había desatado la enfermedad del diplomático Diógenes
Escalante. Por ejemplo, la actitud de aquellos dirigentes que no pudieron
sostener la unidad de las fuerzas ante el peligro que significaba las actividades
de los lopezcontreristas, y aquella mancheta del 6 de septiembre de 1945
en el Diario “El Nacional” en que se leía: “La nación entera exige que no sean
intereses de grupo ni consideraciones regionalistas las que priven en la
elección de un nuevo candidato para la presidencia de todos los venezolanos”.
Se ha insistido mucho en el
hecho de que “desde la guerra de independencia, Venezuela, había estado siempre
gobernada por militares” y en virtud de esto Maye Primera señala que Diógenes Escalante
encarnó “la esperanza de tener por primera vez un gobierno civil que se había
iniciado tras la muerte del general Juan Vicente Gómez”.
En la novela de Francisco
Suniaga “El Pasajero de Truman”, se hace una recreación de la vida del
diplomático Diógenes Escalante y se describe como “el héroe que iba a remediar
los males que veníamos arrastrando desde los tiempos de la Colonia “.
La vida le trae esa sorpresa,
y lo ve sucumbir ante esa enfermedad infame que lo lleva directo al manicomio.
Diógenes Escalante no tenía ningún parecido con los anteriores presidentes que
había tenido la república. Era este ilustre político quien podía representar el
mundo moderno, y quien seguramente se iba a trazar una política para sacar a
Venezuela del atraso y llevarla al progreso. Tenía una formación brillante, había
estudiado en Suiza, y fue uno de los pocos de aquel tiempo que pudo completar
sus estudios universitarios en Venezuela. Se destacó por los puestos
diplomáticos que logró escalar en Alemania y el Reino Unido. Fue además miembro
de la liga de naciones que después llegó a llamarse Naciones Unidas.
Son tiempos de esquizofrenia
en el campo de la política. Unos convirtieron a Diógenes Escalante en una
figura política para llegar al poder o hacer el juego al poder; otros lo
asfixiaron políticamente y posiblemente lo enloquecieron. Quienes han hecho
investigaciones en torno a esta historia como Elías Pino Iturrieta, señala que
Escalante pensaba que “algo demencial debió funcionar en las intenciones de
unos proponentes que me presentaban como autor de luminosas ideas, cuando ni
siquiera un folleto escribí en mi vida”.
Señalaba aquel diplomático que
unos proponentes jóvenes fueron a visitarlo en el hotel Statler de Washington, y
que para él eran desconocidos, pero estaban muy interesados en su postulación:
esos jóvenes eran Rómulo Betancourt y Raúl Leoni. “Me apoyarían al llegar a
Miraflores siempre que garantizara la aprobación del voto universal, directo y
secreto de los venezolanos”.
Diógenes Escalante Ugarte
había sido propuesto para la presidencia en 1931 en reemplazo de Juan Bautista
Pérez. Sin embargo, no se logró concretar su candidatura en ese momento.
Algunos autores explicaban y
siguen señalando que eso no fue demencia, sino soberbia, porque un hombre como
Diógenes Escalante era diestro en diplomacia y había estado en las alturas de
la alta sociedad, que tenía como costumbre visitar los clubes e ir a las
tertulias. Elías Pino Iturrieta nos cuenta que Escalante era un pez en las aguas
del refinamiento, y siempre iba a nadar en las piscinas más grandes. Quienes
eligieron a Escalante como candidato para 1945 eran más locos y debían estar en
el manicomio.
Casi fueron tres décadas
bañadas de sangre y fuego, y algo pasaba por la mente de esos proponentes que
presentaban a un hombre como pionero de ideas luminarias. Esa locura es la que
se ha encontrado como explicación de su peripecia personal, lo cual indica que
la locura era más colectiva que individual.
¿Por qué debía ser candidato
Diógenes Escalante, si tenía 27 años fuera de Venezuela, y desconocía
totalmente la problemática del país? Entre 1904 y 1910 había sido cónsul en
Gran Bretaña, Alemania, Holanda y Francia. Entre 1920 y 1933 fue Ministro
plenipotenciario en Londres, delegado ante la liga de naciones entre 1937 y
1945, y embajador en Washington. Vivió en las grandes capitales del mundo, sin
relaciones con los graves problemas que vivía la sociedad venezolana.
Ahora que ha pasado tanto
tiempo de estos hechos históricos trascendentales, pareciera seguirse ese mismo
camino. Construir un liderazgo que nos lleve por el buen camino no es tan
fácil, por la mediocridad de lo que hoy representan algunos mal llamados
líderes que no son más que mercaderes de la política venezolana.
Diógenes Escalante pareciera
estar presente hoy en la Venezuela del siglo XXI. Ha sido siempre un misterio
qué le ocurrió a ese hombre distanciado,
divorciado de los problemas que sucumbían al país, desconocedor de la realidad
nacional que debía dominar y transformar. Muchos otros habrían podido atender la
urgencia nacional con mayor celeridad.
Aseguran que esa realidad que
tanto desconocía le pudo haber provocado la imposibilidad de llegar a convencer,
lo que le produjo el bloqueo mental que lo llevó a enmudecer para siempre. Lamentablemente,
este outsider se convirtió en un
personaje que no solucionaría la realidad que vivían los venezolanos.
Esa tragedia jamás se les ha
atribuido a sus postulantes, pero tal vez serian ellos los verdaderos
responsables, porque era cierto que, efectivamente, Diógenes Escalante se había
dejado engañar, o tal vez no supo poner condiciones para poder incursionar en
lo nuevo y difícil que estaba por suceder.
Seguramente Diógenes
Escalante algo tuvo que haber aprendido con sus contactos, algo de malicia, de
astucia y tal vez guardaba algún cálculo en su equipaje. Antes de aceptar la
candidatura presidencial, ¿serían incautos sus proponentes a tan importante cargo,
o tal vez estaban más locos que Diógenes Escalante?
Escalante había nacido en el
pueblo de Queniquea, estado Táchira, el 23 de Octubre de 1879, y murió en Miami
el 13 de noviembre de 1964.
Sus camisas volaron por el
aire, y él se fue en el avión que le envió su amigo Harry Truman. ¿Qué paso
después de haberse tomado aquel sabroso atol que le había enviado su amigo de
infancia, el general Eleazar López Contreras? Muchos deseaban que fuera el
candidato del PDN y AD un civil y no un militar.
Así terminó la breve
historia de un hombre que no pudo cumplirle al pueblo lo prometido.
En
Venezuela los que nacen para ser presidentes
se
vuelven locos, y los locos llegan a ser presidentes.
Gumersindo Rodríguez