Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 06:02 pm
En el sendero de la investigación, la prosecución de estudios no es una posibilidad, sino una certeza; de allí que se opte por cursar una maestría y, posteriormente, un doctorado en cualquier área del saber. Y como corresponde, esos estudios y la obtención de esos respectivos grados, tanto en el mundo entero como en Venezuela, se otorgan por parte de universidades reconocidas, que respaldan, valga decir, dichos estudios y programas con una sólida infraestructura en términos de laboratorios, bibliotecas, proyectos de investigación, patentes, doctores, revistas científicas y demás.
En los últimos años hemos visto prosperar cientos de doctorados en Venezuela y de entrada eso es, en teoría, un buen signo o indicador de avance y progreso, desde el punto de vista de la creación de oportunidades y semilleros de investigación en estudios de quinto nivel por diversas universidades. Sin embargo, lo observado (salvo excepciones) dista mucho de lo señalado al inicio de este párrafo y columna que el diario El Nacional me concede los días miércoles.
Nadie duda de que necesitamos fortalecer la investigación y, en función de la hiper-especialización del conocimiento, que demanda nuevas carreras, nuevas maestrías y nuevos doctorados, de acuerdo con las necesidades de nuestras sociedades, la emergencia de nuevos problemas y fenómenos, y el compromiso de las ciencias y disciplinas como vocación de aplicación. En virtud de lo cual, el compromiso de nuestras universidades y los universitarios debe estar en función de la calidad, la excelencia académica, y no incurrir en una suerte de populismo académico. La responsabilidad de todas las instituciones y entes relacionados con la educación superior en cualquier sociedad es trascendental, dado lo que está en juego.
La autorización y, posteriormente, acreditación de una maestría y, especialmente, de doctorados, sin importar el área, no perdamos de vista que es un proceso de muchísima responsabilidad, además de las exigencias en términos de infraestructura física, líneas de investigación, publicaciones, patentes, doctores, laboratorios, escolaridad y bibliotecas que respalden esos programas, garantizando su operatividad y viabilidad, con estándares de calidad y alto impacto, y no para satisfacer egos de funcionarios o incluso de profesores sin mérito alguno.
Estamos viendo proliferar una gama de experimentos con nombres de programas que ni siquiera las universidades de mayor trayectoria, reconocimiento y prestigio, tanto públicas como autónomas, como las privadas, poseen. Esto, por supuesto, produce cierta preocupación, no solo por la rapidez con la que se otorgan y desarrollan estos programas de doctorado tras su autorización, sino, fundamentalmente, por su operatividad. Resulta que vemos a distintos personajes egresar en tiempo récord, léase, en semestres o, a lo sumo, uno o dos años. Cabría preguntarse si realmente se cumple con la escolaridad rigurosa, los planes de estudio, los tutores y, ni hablar de las tesis doctorales. El resultado no es ver a esos personajes o esa especie de tribu portando medallas, estolas y togas, sino que podríamos estar incurriendo en una estafa académica, de la cual hay corresponsabilidad no solo de las instituciones involucradas, sino también de los propios cursantes y egresados de esos programas y experimentos. En la villa del Señor hay de todo, y no seremos la excepción; encontraremos doctorados de doctorados y doctores de doctores.
En ese sentido, traigo a colación los informes y reportes de los rankings mundiales, que son solventes y miden el desempeño de nuestras casas de estudio en una multiplicidad de variables e indicadores que permiten clasificar a las universidades por su matrícula, programas de estudios de pregrado, maestría y doctorado, publicaciones (libros y revistas arbitradas e indexadas), laboratorios certificados, patentes registradas, investigadores acreditados, proyectos de investigación nacionales e internacionales, planta de doctores, tutorías, etc.
En ninguno de esos rankings, entre ellos el prestigioso QS World University Rankings, AD Scientific Index, Google Scholar, Academia, anteriormente el Programa de Promoción al Investigador (PPI- Conicit), y otros, aparecen esas instituciones que están ofreciendo doctorados a diestra y siniestra, ni tampoco figuran las publicaciones e investigaciones de los doctores egresados de las mismas.
Estas breves notas solo buscan expresar, en primer lugar, cierta preocupación por no perder de vista que, si algún ámbito o área es relevante y trascendental en una sociedad, es particularmente la educación superior, por ser el gran elemento o herramienta de transformación social y personal. Por ende, los esfuerzos que deban hacerse no solo deben destinar importantes recursos a la inversión en nuestras universidades, sino también velar por la calidad de esa educación, en términos de sus programas de estudio a nivel de licenciatura o pregrado, maestría y doctorado.
En segundo lugar, honor a quien honor merece, y vaya nuestro reconocimiento público a las universidades autónomas, entre ellas, la Universidad Central de Venezuela, la Universidad de los Andes, la Universidad del Zulia, la Universidad de Carabobo, la Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado, y otras, junto con las universidades privadas, destacando la Universidad Católica Andrés Bello, la Universidad Metropolitana, y otras más recientes. Unas y otras han realizado una labor meritoria en los momentos más difíciles del país, siempre apostando a nuestros jóvenes. Un extraordinario desempeño a lo largo de tantas décadas en la formación de profesionales con niveles de excelencia en sus programas, publicaciones, centros e institutos de investigación, y demás, compromiso que les ha permitido ser ubicadas en sitiales de honor en los últimos rankings de medición académica y universitaria a nivel mundial.
En tercer lugar, traeré solo como un referente de academia, de investigación y de excelencia a uno de nuestros laboratorios emblema de la Universidad de los Andes, como es el LAB-FIRP (Laboratorio de Formulación Química de Interfaces, Reología y Procesos), en cuyos espacios se descubrió hace años la Orimulsión, en alianza con Pdvsa - Intevep. Este laboratorio constituye el grupo de investigación más prestigioso de la ULA, adscrito a la Facultad de Ingeniería, haciendo investigación de punta, tanto fundamental como aplicada, para el sector público y privado mundial, en el campo de los fenómenos interfaciales, surfactantes y sus aplicaciones, con vinculación nacional e internacional. Fundado por Jean-Louis Salager, dirigido por Johnny Bullón y un conjunto de valiosos profesores y científicos, han obtenido reconocimientos y premios nacionales e internacionales por su investigación, haciendo ciencia útil.
Finalmente, si alguna institución ha logrado éxitos en nuestro país, son precisamente las universidades y nuestros apóstoles, los profesores universitarios, quienes lamentablemente hemos sido totalmente desmejorados en la última década, no solo en términos de sueldos y salarios, sino incluso en el respeto a las normas de homologación social, los programas de HCM, pensiones, prestaciones sociales, y demás. Sin embargo, no solo seguimos manteniendo abiertas nuestras universidades, facultades, escuelas, cátedras y aulas, sino que seguimos estudiando, seguimos publicando, seguimos formando, seguimos ganando importantes reconocimientos nacionales e internacionales de prestigiosas instituciones públicas y privadas, y además, seguimos apareciendo con humildad, pero con profundo orgullo y satisfacción en estos rankings, los cuales, no perdamos de vista, aparte de ser una vitrina de la excelencia, solvencia y robustez de las grandes universidades en el mundo, miden la calidad de la educación y labor universitaria a escala planetaria.