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Por Giovanny Marquina

"Las venas abiertas... y en liquidación” por Giovanny Marquina



"Las venas abiertas... y en liquidación” por Giovanny Marquina

Mérida, 26 de abrió de 2026.

Eduardo Galeano escribió en 1971 una obra que se convirtió en el grito de una región "Las venas abiertas de América Latina”, en el año de su publicación, el libro se convirtió rápidamente en un éxito de ventas y en la "Biblia" de la izquierda latinoamericana, era la época de las revoluciones, la Guerra Fría y el auge del sentimiento antiimperialista. Aunque fue prohibido por las dictaduras militares de Uruguay, Chile y Argentina, eso solo aumentó su mística y sus ventas clandestinas, consolidándolo como un clásico académico y político en toda la región.

En sus páginas, Galeano denunció con crudeza el saqueo sistemático de nuestros recursos a manos de los imperios. El libro sostiene que las estructuras de dominación no terminaron con las independencias del siglo XIX. La explotación cambió de manos; primero fue España y Portugal, luego Inglaterra y finalmente Estados Unidos a través de corporaciones transnacionales y organismos financieros que dictan las políticas económicas de la región.

 Treinta y ocho años después de que Galeano trazara el mapa del saqueo, su obra experimentó una resurrección comercial que solo puede describirse como un milagro del marketing político. El 18 de abril de 2009, en la V Cumbre de las Américas, Hugo Chávez ejecutó una maniobra publicitaria magistral aunque involuntaria al entregarle a Barack Obama un ejemplar de Las venas abiertas de América Latina. Lo que protagonizó como un gesto cargado de simbolismo, intentó responsabilizar a Estados Unidos de todos los males del sur. El error de cálculo fue fatal, en su afán por romper con Occidente, sin embargo, lo que él no anticipó fue que su estrategia de sustituir la influencia estadounidense por nuevos imperios geopolíticos terminaría siendo el catalizador de una catástrofe sin precedentes para su propio proyecto político.

 Décadas después de su publicación, emergieron nuevos imperios, donde el saqueo no viene exclusivamente de Occidente, muestra que los "nuevos imperios" han perfeccionado el extractivismo como La República Popular de China, bajo un modelo de diplomacia de deuda, ha hipotecado el futuro de naciones como Venezuela.

 La magnitud de nuestra dependencia financiera quedó al desnudo en un reciente reporte de Reuters, publicado el 23 de enero de 2026. Según los hallazgos de AidData, laboratorio de la Universidad William & Mary especializado en el rastro del crédito global, los acreedores oficiales chinos comprometieron préstamos para Venezuela por un total de 106.000 millones de dólares entre 2000 y 2018. Esta cifra más que un dato contable, es el inventario de una soberanía empeñada. 

 La otra realidad es como Rusia opera bajo la lógica de un poder nuclear absoluto. Con un arsenal que roza las 5,600 ojivas nucleares, el más vasto del mundo según estimaciones de 2025, Moscú proyecta una sombra militar y energética que poco tiene que ver con el bienestar de nuestra región. Para el "Imperio Atómico", América Latina no es un aliado soberano, sino una coordenada más en su tablero militar, donde la prioridad es el desafío a Occidente y no el desarrollo de los latinoamericanos.

 Informes recientes y analistas sugieren que una gran parte del equipo militar adquirido por Venezuela a Rusia durante años entre aviones, helicópteros, sistemas de defensa, ha resultado inoperativo, calificado por críticos como "chatarra". 

 El mito de la invulnerabilidad militar venezolana se desmoronó el 12 de enero de 2026. Según reportó The New York Times, el Pentágono encontró un espacio aéreo “sorprendentemente desprotegido”, debido a que los sistemas de fabricación rusa ni siquiera estaban operativos. Esta revelación deja en evidencia el fracaso de la alianza iniciada por Hugo Chávez en 2009; los S-300 y Buk-M2, comprados para frenar cualquier agresión externa, no fueron más que una costosa ilusión geopolítica que le otorgó a Rusia presencia en el hemisferio, pero no seguridad a Venezuela. Rusia nos vendió el sueño de la invulnerabilidad militar, cobrando en oro por una colección de "chatarra de lujo".

 Lo que Galeano no predijo fue que el saqueo también vendría de nuestros propios vecinos bajo el manto de la "hermandad revolucionaria". Es necesario denunciar cómo el régimen cubano, bajo una fachada de cooperación, drenó durante años la riqueza petrolera de Venezuela a cambio de un control social y técnico que solo sirvió para desmantelar nuestras instituciones, el vecino solidario, demostró que el petróleo también se puede canjear por manuales de control social, en el trueque más desigual desde que cambiábamos oro por espejitos.

 Parece que la historia de América Latina no es más que un eterno "cambio de dueño" con mejor estrategia. Pasamos de las carabelas de Colón a las transnacionales gringas, solo para terminar entregando las llaves de la casa a quienes prometieron salvarnos del "monstruo", al final, Galeano se quedó corto. No solo nos abrieron las venas, sino que ahora pagamos intereses por el bisturí.

Años antes de morir, el propio Eduardo Galeano tomó distancia de su obra en 2014, confesando con honestidad que cuando lo escribió no tenía la formación suficiente en economía y que hoy le resultaría "pesadísimo" leerlo de nuevo. Dijo literalmente: "Esa prosa de la izquierda tradicional es pesadísima".