Mérida, Octubre Martes 20, 2026, 10:39 am
La robótica, la computación cuántica, la computación en
la nube, la ciberseguridad, la conectividad 6G y la inteligencia artificial,
tanto generativa como agentica son tecnologías disruptivas que están cambiando
por completo el funcionamiento de mercados al permitir una reconfiguración de
las organizaciones y una evidente mejora en la productividad. A su vez, estas
nuevas tecnologías siguen avanzando a un ritmo tan acelerado que las
instituciones responsables de medir, supervisar y contener el riesgo que la
sociedad siguen aletargados.
Un antecedente a esta situación fue la crisis financiera asiática
de 1997, la cual demostró con crudeza qué ocurre cuando la liberalización de
los mercados financieros y su integración avanza más rápido que las respuestas
de las instituciones públicas. Dicha experiencia dejó lecciones que permanecen
en la actualidad y no pueden ser ignoradas por formuladores de política ni por
académicos del desarrollo económico. De allí el surgimiento de preceptos como evitar
el excesivo endeudamiento externo de corto plazo, monitorear desajustes del
tipo de cambio, mantener reservas adecuadas y supervisar instituciones
financieras, pero también ha servido de base para la actual arquitectura
institucional de las finanzas internacionales.
En este sentido, la crisis financiera asiática no se
originó en los excesos fiscales típicamente asociados a las crisis soberanas. Muy
por el contrario, ni los mercados ni las instituciones internacionales
comprendieron plenamente la magnitud de la crisis cuando esta estalló.
La recuperación ofreció una lección adicional de
naturaleza política, al demostrar que los gobiernos deben reconocer con
precisión el problema y reunir la voluntad política y la autoridad necesarias
para actuar. Los mercados, a su vez, evaluaron si los gobiernos comprendían el
problema y podían implementar reformas sostenibles frente a intereses empresariales.
Asia enfrenta hoy un paralelo, el riesgo financiero ha
migrado nuevamente más rápido que los marcos institucionales diseñados para
monitorearlo y la sociedad sigue expuesta a los cambios recurrentes provocados
por las nuevas tecnologías. En el primer ámbito, los bancos permanecen
profundamente conectados con las FinTech a través de líneas de crédito,
acuerdos de recompra, derivados y provisión de liquidez. La inteligencia
artificial y la digitalización de las finanzas plantean riesgos adicionales
entorno a modelos comunes de intermediación financiera, amenazas cibernéticas,
concentración operativa y resiliencia de la infraestructura.
En este escenario, la pregunta más difícil de responder es
si los gobiernos y los reguladores están dispuestos a enfrentar los intereses
financieros empresariales y asumir los costos de mejorar la transparencia y la
resiliencia, antes de que una crisis haga la reforma inevitable. Los gobiernos
asiáticos enfrentaron la misma dificultad para contener poderosos intereses empresariales
locales en la década de 1990, pero el entorno actual es más complicado porque los
actuales riesgos globales son difíciles de gestionar, entre múltiples razones
porque su origen está fuera de las fronteras territoriales de los Estado nación.
Esto implica que las fronteras de acción del sector público y sus instrumentos
de regulación pasan inadvertidas, mientras que las instituciones se adaptan
solo después de que las crisis estallan.
Para América Latina, la experiencia asiática ofrece
lecciones de urgente aplicación en un contexto de fragilidad macroeconómica,
alta deuda, vulnerabilidad financiera estructural, y tenue adopción de nuevas
tecnologías. Este implica que la evolución de los mercados financieros y de la
sociedad en general sin instituciones robustas solo termina en la acumulación
de riesgos ocultos. Además, permite destacar que la credibilidad institucional
es más barata cuando se construye antes de la crisis, no después de que esta
ocurre.
@ajhurtadob