Mérida, Mayo Miércoles 20, 2026, 12:29 am
ROSARIO PÉREZ
Diario ABC de Madrid
Fotos: Plaza 1
Tres veces se santiguó Ricardo Gallardo cuando pisó el callejón. Había reinado la incertidumbre para el ganadero, para los toreros y los aficionados hasta dos horas antes del festejo, pero a las siete en punto más de veinte mil espectadores ocupaban su localidad para ver uno de los carteles de más interés para el aficionado. No hay fuga de gas que pueda con San Isidro. Y a todo gas la tarde de los novilleros, cada uno por su palo, más allá de alguna orejita de época de rebajas, caso de la cortada al feo tercero, la raspa del desigual conjunto de Fuente Ymbro. Señor presidente, con una estocada tan caída no se pueden dar tan alegremente los trofeos. Aunque si con alguien hay que ser generoso es con los de abajo, Julio Norte no necesita regalos, pues demostró sobradas condiciones y capacidad para ser gente. Si alguien tenía alguna duda sobre el futuro del salmantino, en el sexto arreó con soberbio sentido del temple y de la colocación. Y con la ambición imprescindible para tocar corazones y puertas. Por la Grande de Madrid se marchó el debutante tras matar de un sopapo al sexto.
A las siete y media un espigado catalán se presentaba en la capital. A chiqueros se marchó Mario Vilau para recibir a «Infortunado», que intentó saltar al callejón y pareció lastimarse un remo. Enorme de valor y decisión el de Hospitalet, que sostuvo en naturales largos y templados al de Gallardo, con buen fondo. De premio la estocada, de esas que antiguamente valían una oreja. Y a su manos fue a parar el trofeo. Todo lo dio en el quinto hasta el punto de acabar hecho un eccehomo y con una cornada grave de 15 centímetros en el muslo derecho.
No refleja el marcador el asiento del peruano Pedro Luis, francamente bien con su lote. Marcó su querencia el primero al picador que guardaba puerta y cuando llegó a la jurisdicción del otro, caballo y piquero acabaron en la arena. En cuadrillas acabaría recibiendo el puyazo. Y otro más en el volatín en el capote de Pedro Luis. ¡Y otro a la salida del peto! Vaya tercio accidentado y largo. Brindó el peruano y arrancó con estatuarios entre las rayas una faena tranquila y asentada. Pulseó con la derecha a un «Levítico» que se había desgastado mucho, pero que no perdió su noble condición, aunque sin la transmisión necesaria.
A las siete y media un torero catalán debutaba en Las Ventas. A la puerta de chiqueros se marchó Mario Vilau para recibir a Infortunado, que intentó saltar al callejón y pareció lastimarse la mano derecha. Acusó su blandura en los capotazos y en el quite de Norte, que no fue el más oportuno dada la condición del animal. Brindó y echó las dos rodillas por tierra con valor y decisión. Era novillo de media alturita, de trato sanador. Y así era muy difícil. Pero qué bien le cogió el aire por el zurdo, con naturales largos y templados. Tuvo el mérito de sostener al fuenteymbro, de buen fondo, al que mató de un volapié.
Se coló la raspa tercera, lo que provocó el enfado del personal. ¡Fuera, fuera!, gritaron cuando apareció el chico animal, feo y hecho cuesta arriba. Ni caso hicieron al ilusionante saludo de Julio Norte en su presentación venteña. Comenzó por alto a dos manos y continuó en redondo con «Retamo» metiendo la cara. En un palmo de terreno las series, enganchando la embestida adelante y llevándolo muy tapado. Ojo que también humillaba por el zurdo: ahí quedó el retrato del cambio de mano. Pisó el sitio del aplomo el salmantino, que dejó una imagen formidable. Hasta la última gota exprimió, ya metido entre los pitones. Lástima que la estocada se cayera, pero ni eso frenó la oreja del generoso presidente. «¡Fuera del palco, fuera del palco!», gritaban.
No solo separaban sesenta kilos a la cabra tercera del torito cuarto en la desigual novillada. Prometedores los lances de Pedro Luis con un «Soplón» de afamada reata. El izquierdo era el pitón, por donde cosechó lo más logrado -notable el dibujo de los naturales del epílogo- en una labor vivida con frialdad.
Otra vez se marchó Vilau a chiqueros a recibir al quinto, que se llevó el capote prendido del pitón. Costoso en varas y banderillas, donde esperó mucho. No perdonó al catalán, que recibió un seco pitonazo en el muslo izquierdo. Asomaba la sangre en la taleguilla y luego en la cara, hecha un eccehomo. Sabía el novillero -que había brindado a sus padres- que iba herido, pero quiso rematar su firme tarde: le hicieron un torniquete con el corbatín y mató de una estocada antes de emprender el camino de la enfermería en medio de una ovación.
Aplaudieron a Sandoval en aras al sexto, con el que Norte anduvo variadísimo con el capote. Explosivo el prólogo de rodillas. Y un soberbio sentido del temple y de la colocación, jugando con inteligencia con las distancias. Brotaban los oles antes de que sufrir una voltereta, con la fortuna de que el novillo no hiciera por él en la arena. Con ambición volvió a la cara del fuenteymbro, al que, ahora sí, enterró un espadazo arriba. Oreja y Puerta Grande.
Monumental
de las Ventas. Martes, 19 de mayo de 2026. Décimo festejo. 20.881 espectadores.
Novillos de Fuente Ymbro, desiguales.
Pedro
Luis, de buganvilla y oro: estocada rinconera (silencio); cuatro pinchazos y
descabello (silencio tras dos avisos).
Mario
Vilau, de gris perla y oro: gran estocada (oreja); estocada tendida (ovación al
pasar a la enfermería).
Julio
Norte, de gris perla y oro: estocada caída (oreja con protestas tras aviso);
estocada (oreja). Sale a hombros.